En esa oportunidad la emergencia se había desencadenado por la sequía que afectó la producción de mieles. Hoy, paradójicamente, los apicultores suman pérdidas por el exceso de agua.
Debido a las inundaciones que se registran en toda la cuenca del río Paraná durante las últimas semanas, ya se perdieron entre 300 y 400 cajones de abejas en las islas victorienses y un número similar fue puesto a resguardo sobre tarimas y caballetes de madera de un 1,5 metros y dudosa resistencia ante el avance incesante de las aguas.
Si bien con este sistema pudieron salvar parte de la producción, los augurios no son muy buenos si se tiene en cuenta que el agua arrasó con toda la floración de la zona. En este momento hay pasto y no tanta flora acuática y se estima que la producción será de baja a mala.
La situación también se complica por la acción del viento, que tira abajo los caballetes que ya están en medio de la nada y los tapeos formados por camalotes, pastos y demás vegetación que arrastrados por la correntada se apoyan contra las colmenas y las tiran abajo.
El aumento del nivel del río Paraná en los terraplenes hace también que las hormigas trepen y aniden en los cajones en busca de superficies secas, malogrando la miel y haciendo emigrar a las abejas.
Caótica salida de ganado
Entre productores de la zona capea el desánimo, atento a que desde la empresa concesionaria del puente Victoria-Rosario, Puentes del Litoral, se habrían resistido a ceder áreas secas, argumentando el tema de la seguridad.
Según comentan, sólo en voz baja flexibilizaron su postura a último momento por pedido del gobierno provincial, cuando la situación ya era caótica. Si las cosas se hubiesen hecho con tiempo se hubiera salvado el 50% de la hacienda que hoy se está muriendo", expresó un productor que prefirió la reserva de su identidad.
Así, los embarcaderos y las bajadas para camiones se hicieron a último momento y, al principio de la emergencia, sólo se trabajó de día ya que la empresa no dejaba operar de noche. En la zona se comenta que los barcos no pudieron realizar traslados de 20 a 8 y que estuvieron parados a principios de mes. Ahora es imposible navegar porque la altura y las condiciones del río complican las travesías.
Sobre las pérdidas, el 99% de las cabezas que quedaron en las islas se estima que son unas 60.000 están en el agua. Muchas nadan sin rumbo fijo, tratando de buscar alturas en vano, hasta perderse o ahogarse.
Ayer operaban en la zona tres barcos con dos, tres y cuatro jaulas con capacidad para 60 animales cada una. Se realiza un promedio de tres viajes por día, según el clima y el estado del río. Pero la tarea es cada vez más difícil, ya que los pastizales y las barrancas que quedaron bajo agua hacen varar a los barcos, indicaron.
Con todas las dificultades mencionadas, ya se evacuó la mitad de las 200.000 cabezas de ganado que había en la zona en 2006. Se estima que quedan aún unas 60.000, de las cuales ya murieron alrededor de 5.000.
Acusan que hay negligencia en los traslados de la hacienda
En la emergencia se conjugaron varios factores relacionados a la falta de previsión, la negligencia y la especulación de varios sectores.
En la zona hay unas 11 jaulas de transporte que, trabajando al unísono, pueden evacuar a 330 animales por viaje. El cálculo es sencillo: se necesitaban tres meses para sacar la hacienda de las islas y se debía contar con un área seca y segura donde transportarlas.
Desde la Sociedad Rural de Victoria se trabajó intensamente en la construcción de bajadas, pero los productores apuntaron hacia las autoridades municipales y provinciales por la falta de respuestas. Desde la entidad sostienen que la comuna arrendó islas, pero no invirtieron en bajadas.
En la organización ruralista explican que los corrales de metal que facilitan la evacuación para unas 1.500 cabezas tienen un costo de 30.000 pesos.
Asimismo expresaron que a principios de marzo se inauguró en la bajada 3 un descargadero pequeño, sin capacidad de encierro, cuando ya estaba la zona inundada.
Por otra parte señalaron que las bajadas que finalmente habilitó Puentes del Litoral tienen tranqueras cerradas con candados y no hay personal para abrirlas cuando llegan los barcos, por lo que los camiones deben esperar entre dos y tres horas hasta que se presenta el personal, dificultando aún más la tarea.