La decisión fue confirmada por la ministra de Producción y Microempresa, Celinda Sosa, y su colega de Hacienda, Luis Arce, y se produce en momentos en que en la Argentina se registran fuertes restricciones para el abastecimiento de harinas al mercado interno y que han derivado en incrementos de entre 10% y 15% en los valores del pan.
La molienda de trigo local está afectada desde hace dos semanas por las restricciones energéticas de la que son objetos varias ramas de industria, que produjeron en ese lapso subas de al menos 40% en los valores de la harina a los comercios, tal como anticipó El Cronista el pasado viernes. A eso se suma, las dificultades para conseguir trigo. Ambos factores impactan sobre los valores del producto, pese a la vigencia de un acuerdo de precios que estipulaba una bolsa de harina a $ 33.
En cuanto a Bolivia, que el año pasado compró 91.435 toneladas de harina de trigo argentina (28,5% del total exportado en ese lapso), la nueva compra se acordó durante una visita que Sosa realizó la semana pasada a Buenos Aires.
La funcionaria acordó con industriales que en un par de semanas comenzarán a enviarse a La Paz parte de las 100.000 toneladas y no descartó que se importe mayor cantidad en caso que los valores del pan boliviano no se retrotraigan.
Una vez en Bolivia, la mercadería se venderá de manera directa a los sindicatos de panaderos a un precio por quintal no superior a u$s 20.
La decisión del gobierno de Evo Morales de importar harina argentina fue producto del anuncio de los panificadores, que desde ayer comenzaron a cobrar 7,5 centavos de dólar por unidad de pan, un 50% por encima del valor previo. Y aseguraron que la única manera de dar marcha atrás con el aumento es que el gobierno garantice la provisión de harina a unos u$s 18 por quintal.
Fuente: El Cronista Comercial