También contemplaron horarios reducidos de trabajos, menor uso de alumbrado público y fuentes y monumentos a oscuras.
La solución chilena está a un paso de aplicarse. Las autoridades de ese país se disponen a lanzar esta semana una campaña de uso racional y de ahorro, que no contempla el racionamiento de energía como el lanzado en los 80. Durante esos años, y por una aguda sequía, el gobierno trasandino racionó el consumo en lugares públicos -plazas y parques- y consiguió reducir en un 15% el consumo.
El nuevo plan tiene como trasfondo la estrechez energética del país, que se mantendrá al menos hasta 2009, cuando entre en producción una planta de procesamiento de gas natural licuado, que reemplazará un 40% del gas importado de la Argentina. Las cuatro empresas involucradas en la planta de licuefacción deben invertir US$ 930 millones. Al año siguiente, comenzarían a funcionar dos centrales hidroeléctricas que se proyectan en las cercanías de Santiago de Chile.
En 2000, la falta de lluvias afectó el sistema energético de Brasil, que está basado en un 90% en generación hidroeléctrica. El segundo gobierno de Fernando Henrique Cardoso implementó un plan de ahorro que obligaba a los consumidores residenciales a utilizar un 20% menos de energía que en el mismo mes del año anterior, con la aplicación de multas y sobreprecios para quienes no cumplieran la medida.
Las industrias también tuvieron que reducir su consumo entre un 15% y 20%, según el sector. Y las empresas estatales dejaron sin uso la mitad de sus ascensores y establecieron un rígido horario de trabajo: a las 18 estaba prohibido continuar trabajando o hacerlo con las luces encendidas.
El alumbrado público fue reducido más del 20% y fueron apagadas las luces de monumentos públicos y fuentes. Al mismo tiempo, todo nuevo proyecto empresarial o industrial debía pasar por una aprobación. El plan funcionó, y al cabo de un año el país había ahorrado el 20% necesario para evitar un apagón total.
Sistema desregulado
Estados Unidos atravesó su crisis en 2006 y el colapso llevó al presidente George W. Bush a ordenar una campaña para modernizar y desregular el sistema, en un intento por fomentar las inversiones. También se acentuaron los programas para promover el ahorro de energía y el castigo de los excesos.
El debate sobre la desregulación aún persiste, al igual que los problemas. Recientemente, Nueva York afrontó otro masivo corte de luz.
Fuente. La Nación