Identificar correctamente un cultivar de pecán es una condición clave para definir qué cultivares utilizar en cada región y cómo combinarlo dentro de una plantación para lograr una eficiente polinización. Con ese objetivo, expertos desarrollaron una metodología que permite comprobar la identidad genética de los árboles mediante perfiles de ADN obtenidos con marcadores microsatélites, complementados con información fenológica y características de las nueces.
El trabajo forma parte de una larga trayectoria del organismo con este cultivo. Según explicó Ana Laura Grassi, el INTA trabaja con un programa continuo de introducción, multiplicación, evaluación y conservación de cultivares en la Estación Experimental Agropecuaria Delta del Paraná.
En ese marco, incorporaron materiales provenientes del programa de mejoramiento de pecán del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y avanzó con su identificación y evaluación. Actualmente, la EEA Delta del Paraná conserva cultivares introducidos, ya identificados, y dos desarrollados por el INTA. Mientras, una red nacional de ensayos permite evaluar su comportamiento en distintas regiones del país.
Además, hay 20 cultivares inscriptos en el INASE y se avanza en la descripción y caracterización de otros 14 (Caddo, Colby, Curtis, Elliott, Giles, Green River, Hirschi, Hodge, Kanza, Lucas, Major, Nacono, Osage y Riverside), que próximamente serán presentados para su inscripción en el Registro Nacional de Cultivares (RNC).
La identificación genética comenzó con los primeros análisis de perfiles de ADN mediante marcadores microsatélites. “Estos análisis son similares a las pruebas de paternidad o filiación que se hacen en humanos”, indicó Carolina Martínez, investigadora del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) del INTA.
A partir de muestras de hojas, el equipo extrajo ADN y analizó un conjunto de marcadores capaces de generar perfiles genéticos únicos. Estos perfiles permiten identificar los cultivares, establecer su trazabilidad y estudiar su diversidad y sus relaciones genéticas.
La información molecular se complementó con el seguimiento de distintos momentos del ciclo de las plantas, entre ellos la brotación, la floración, la liberación de polen, la receptividad del estigma, el amarillamiento y la caída de las hojas, además de características de las nueces. La combinación de estos datos permitió comprobar la identidad genética de los cultivares introducidos formalmente.
Para el sector productivo, la herramienta tiene una aplicación concreta: asegura que cada planta corresponde al cultivar declarado, condición para aprovechar la información de comportamiento que genera la red de evaluación del INTA en distintas regiones del país.
Además, conocer con precisión la identidad de cada cultivar permite definir de manera adecuada su combinación dentro de las plantaciones. El pecán es dicógamo: en cada cultivar, la liberación de polen y la receptividad del estigma ocurren en momentos distintos (cultivares protándricos o tipo I, y protogínicos o tipo II). Por eso, —según explicó Enrique Frusso, referente en el cultivo de pecán en el INTA— en una plantación se combinan cultivares cuyos períodos se complementan, condición para la polinización de las flores femeninas y el cuajado de los frutos. Si un árbol no es del cultivar que se cree, la combinación falla”.
El trabajo también abre una posibilidad concreta para el sector productivo: las metodologías de laboratorio desarrolladas están disponibles para analizar muestras de pecán cuando existen dudas sobre la identidad de individuos pertenecientes a cultivares inscriptos por el INTA en el Registro Nacional de Cultivares del Inase.
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