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Informe de AACREA Actualidad

Conocer la calidad de los suelos, fundamental para producir

Los parámetros físicos, químicos y biológicos permiten caracterizar su evolución y propiciar un uso sustentable. El avance de la frontera agrícola y la intensificación plantea nuevos interrogantes.
27/09/2008 00:00 hs

El avance de la frontera agrícola en la región pampeana y la intensificación del uso del suelo plantean nuevos interrogantes sobre los efectos que ambos fenómenos tienen en la evolución de ese recurso. Por ello, es necesario contar con indicadores que permitan evaluar el estado del suelo y relevar información acerca de los cambios o tendencias ocurridos.

La calidad del suelo puede medirse a través de indicadores físicos, químicos o biológicos. Tales indicadores pueden ser cualitativos o cuantitativos y, a su vez, ser simples o compuestos en forma de índices de calidad. En términos generales, puede decirse que un buen indicador debe ser fácil de medir e interpretar, además de tener la sensibilidad suficiente para detectar cambios relevantes y de contar con capacidad para integrar variables de diverso origen.

Taller

A partir de un taller realizado en 2004 entre el CREA Luján y el Grupo de Suelos de la Carrera de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional de Luján, se inició un trabajo con el objetivo de evaluar la calidad de los suelos a partir de la generación de un índice de calidad en el ámbito local o regional cuya información pudiera ser utilizada como base para planificar un uso y un manejo sustentable del recurso suelo. A través de los indicadores físicos evaluados, se determinó que, en general, los suelos con uso medianamente intensivo presentaban síntomas de compactación superficial y subsuperficial. Ese deterioro se observó a través de la formación de costras y la aparición de horizontes subsuperficiales endurecidos (pisos de labranza, huellas por tránsito y pastoreo con suelo húmedo). El tránsito de equipos y el pastoreo sobre suelos con excesiva humedad afectan notablemente sus propiedades físicas, generan limitaciones al crecimiento de las raíces y afectan la movilidad y la disponibilidad de agua y nutrientes.

La resistencia mecánica (RM) es una propiedad que puede utilizarse para evaluar la compactación y expresa el conjunto de fuerzas desarrolladas por el suelo que se oponen a su deformación ante el crecimiento de órganos vegetales. Se caracteriza a través del índice de cono (IC), que es el valor medio de un número de mediciones para una profundidad predeterminada. Se asume que el valor crítico de resistencia mecánica para la penetración de raíces es de 2 megapascales (Mpa). Contrariamente a lo esperado, los mayores valores de IC y RM fueron observados en suelos cuyo uso era medianamente intensivo.

Esto podría deberse al excesivo laboreo durante el ciclo agrícola y al impacto del ciclo ganadero asociado con altas cargas de pastoreo en condiciones inadecuadas de humedad y baja reposición de materia orgánica por escasos remanentes de vegetación aportados por las praderas.

En los parámetros químicos evaluados, se observaron mermas de 40 a 50% en el contenido de fósforo con respecto a las situaciones testigo. Numerosos estudios han demostrado que los niveles de fertilización suelen ser inferiores a los de consumo, lo que genera balances negativos en el suelo. En nuestro caso, los valores promedio relevados en lotes de uso agrícola-ganadero fueron inferiores a los hallados en los agrícolas.

Estos resultados podrían estar asociados con otros similares obtenidos por Martín Díaz Zorita y Miriam Barraco en el INTA Villegas, donde, después de 20 años de producción de carne sobre pasturas, los contenidos de fósforo disponible fueron inferiores a los observados en condiciones de producción mixta ganadero-agrícola.

Acidificación

Con respecto a los valores de pH, se observó una tendencia a la acidificación de los suelos con el aumento de la intensidad de uso; por su parte, el contenido de carbono orgánico también decreció en el mismo sentido.

En este marco, la intensificación del uso del suelo produjo una disminución de la materia orgánica debido a una menor tasa de adición y a una mayor oxidación del carbono orgánico por efecto de las labranzas. Estas pérdidas provocaron un deterioro de las propiedades físicas de los suelos y disminuyeron su capacidad productiva.

De todos los parámetros químicos evaluados, el contenido de carbono orgánico (CO) de los suelos a dos profundidades, 0-20 centímetros y 0-7 centímetros, fue el indicador que presentó una mayor sensibilidad al deterioro de la calidad del suelo. En todos los casos, el porcentaje de CO fue superior en los primeros 7 centímetros de profundidad; sin embargo, los pocos años de siembra directa (tres en promedio) de los lotes no permitieron visualizar el efecto de estratificación de la materia orgánica (mayor cantidad en los primeros centímetros) que ocurre habitualmente luego de muchos años de siembra directa continua. La reserva de agua que puede contener un suelo depende de la cantidad que ingresa y de su capacidad para retenerla. La capacidad de un suelo para acumular agua en su perfil hasta una determinada profundidad, expresada como "almacenamiento de agua en el suelo", depende de propiedades físicas como la textura, la estructura y la porosidad; estas dos últimas propiedades se modifican significativamente cuando existen procesos de compactación superficial y subsuperficial.

Las compactaciones superficiales producidas por efecto de la agricultura intensiva o el pisoteo animal determinan un menor ingreso de agua al suelo (infiltración) y una disminución en la capacidad de almacenarla. La caracterización del proceso de infiltración se realizó a campo mediante un equipo simulador de lluvia que reproduce el fenómeno de la precipitación y permite medir sus efectos en el suelo. Los ensayos se realizaron en dos situaciones: con el suelo cubierto (C) y descubierto (D). En ese sentido, la cobertura actúa protegiendo la superficie del suelo del impacto de la gota de lluvia que lo desagrega en partículas muy pequeñas que obstruyen los poros e impiden la infiltración del agua. De esta manera, mediante el simulador de lluvia se determinó la permeabilidad (P) del suelo, la profundidad de humedecimiento (H) y la precipitación efectiva (PE; que es la lluvia que efectivamente ingresa al suelo).

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