"Estamos viviendo una circunstancia muy parecida a la iniciada en 1870, cuando nos transformamos en una potencia agroindustrial. Con ese puntapié, pasamos de ser un importador de alimentos a la octava economía mundial en menos de cuatro décadas. Hoy estamos viviendo un momento muy parecido".
Con estas palabras, el historiador José Ignacio García Hamilton definió el momento histórico que vive el país a partir del boom exportador del campo iniciado a partir de la devaluación de 2002.
El historiador fue uno de los últimos expositores del congreso anual de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), realizado en esta localidad para reflexionar acerca del campo y su aporte al desarrollo rural equitativo. De hecho, la entidad ruralista también difundió un documento de cierre en el que pidió "planes estratégicos que aseguren previsibilidad y reglas claras y estables que alienten la inversión productiva" y cuestionó "el mercado clientelista del poder político que posterga la educación".
Para CRA -que agrupa a más de 300 sociedades rurales de todo el país-, "es necesario alentar la responsabilidad cívica de toda la comunidad, que reconoce el interior productivo que garantiza el desarrollo de las cadenas agroalimentaria y agroindustrial, generadoras de fuentes de trabajo para satisfacer un mundo demandante de alimentos".
Locomotoras
"Con las locomotoras de crecimiento que son India y China, el país tiene la oportunidad de volver a vivir un gran momento como aquél, a partir de la agroindustria", dijo García Hamilton. Para el historiador, respecto de la época del boom agroexportador del siglo XIX hay una diferencia fundamental: la pérdida de imagen y peso político del sector, lo que deriva en que no siempre sea tenido en cuenta a la hora del diseño de las políticas de Estado.
"A fines de 1800 había partidos y signos políticos muy diferentes, pero hasta los socialistas tenían claro el concepto de que el modelo era el agroindustrial exportador. Todos estaban encolumnados detrás del sistema. Hoy, luego de un siglo en que el campo vivió políticas adversas y enfrentamientos con el poder y tuvo una suerte de pérdida de prestigio ante la sociedad, la clase terrateniente se encuentra en una posición más débil, y aunque el pueblo del interior reconoce el aporte del agro, cuesta que la política le dé un lugar al campo", dijo García Hamilton.
El politicólogo cordobés Claudio Fantini, por su parte, pasó revista de la situación política. "Padecemos de una cultura democrática débil, que tolera patologías como el personalismo, el verticalismo, la arbitrariedad absoluta y la corrupción casi como reglas. Mientras la economía va bien, al Gobierno se le tolera la arbitrariedad. Cuando la economía falla, lo decapitan", dijo Fantini.
"En este contexto, es alarmante ver el desprecio por el diálogo y el acuerdo. El que dialoga es visto como un pusilánime y un débil, y el que confronta es admirado", dijo Fantini, casi sin notar que se dirigía a productores que vienen de una sucesión de acuerdos y enfrentamientos con el presidente Néstor Kirchner.
Respecto de este escenario, Fantini propuso avanzar hacia una concertación como la lograda en Chile o en España, con el Pacto de La Moncloa. Y puntualmente sobre los enfrentamientos entre el sector agropecuario y el oficial, aconsejó a ambos dejar de satanizarse mutuamente. "Ambos tienen luces y sombras, no existen los buenos y los malos. El autoritarismo que obligaba a usar luto por la muerte de Evita era tan criticable como los que brindaban con champagne en Recoleta por su deceso. Se debe buscar la objetividad superadora, que significa que ningún sector se aborrezca entre sí, sino que dialoguen y se complementen", reflexionó.
Fuente: Mercedes Colombres - La Nación