Tema crucial para la economía argentina: conocer las variables meteorológicas a la hora de planificar la siembra de un cultivo. Un equipo de investigadores de la cátedra de Climatología y Fenología de la Facultad de Agronomía (UBA) determinó los riesgos que pueden correr en las plantaciones ante la eventual aparición de una helada tardía o del granizo. La herramienta, clave para el calendario agrícola, permitirá prever el comportamiento del clima, anticipando la producción de granos.
Las estimaciones dependen tanto de factores relacionados con el medio ambiente como de aquellos de carácter económico, tecnológico, político y social. Sin embargo, "la variabilidad climática, especialmente en lo que se refiere a temperatura y precipitaciones, genera la mayor parte de las fluctuaciones interanuales en el comportamiento y rendimiento final de los cultivos", comentó la ingeniera agrónoma María Fernández Long, integrante del equipo que lleva adelante este proyecto UBACyT.
De hecho, en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires , donde cotizan el maíz, la soja, el girasol y los principales cultivos, los operadores suelen estar muy atentos al clima de otros países. Si hay sequía en Estados Unidos es casi un hecho que el precio sube en el mercado local por la demanda que aparecerá allí.
En el informe preliminar del estudio realizado durante 2004 y 2005, los científicos de la Fauba evaluaron dos variables meteorológicas estratégicas: las precipitaciones y las temperaturas mínimas. Compararon su comportamiento durante los últimos diez años (1994-2003) con el promedio obtenido de los últimos treinta años anteriores (1964-1993). "Se sabe que hay un cambio climático y es esperable que con el aumento de la temperatura media mundial se acorten los períodos de heladas. Sin embargo, en concordancia con estudios similares realizados en Estados Unidos, hay regiones donde sucede lo contrario. Es decir, concluimos que el calentamiento global no tiene una relación directa con la duración y frecuencia de las heladas. Ocurren cosas inversas en algunos lugares", dijo Fernández Long al Servicio de Información Agronómica Virtual (SIAV) de la Facultad.
El estudio revela que en la última década se produjo, en general, un acortamiento del período medio con heladas. Por ejemplo, en la localidad General Pico se dio una reducción de hasta 29 días. "Desde el punto de vista de los cultivos, esto es favorable, porque da más flexibilidad para las fechas de siembra", añadió la especialista consultada por el SIAV. Por lo contrario, el sur de la provincia de Buenos Aires muestra un enfriamiento; allí aumentó el período con heladas durante los últimos diez años, en comparación con la media de los 30 años anteriores. Por ejemplo, Tandil registró el máximo incremento del período con heladas, de 23 días. Esto implica un mayor riesgo para los cultivos.
Los investigadores observaron también desplazamientos cronológicos. "La disminución del período con heladas no fue proporcional, los corrimientos en el tiempo de las fechas medias de primeras y últimas heladas no han sido simétricos. Por ejemplo, en el sur de Córdoba, las heladas otoñales sufrieron un retraso de 20 días mientras que las de primavera experimentaron un adelanto de 1 día", agregó el ingeniero agrónomo Guillermo Murphy, director de la investigación. En otros casos, las fechas medias de la última helada se han retrasado. "Son datos vitales para el área frutihortícola de noreste de Buenos Aires y Entre Ríos porque muchos de los cultivos de la zona, como los frutales de carozo y los arándanos, son sensibles a las últimas heladas", continuó Fernández Long.
Por su parte, la ingeniera agrónoma Liliana Spescha, focalizada en la disponibilidad hídrica para los cultivos, afirmó que "hubo un aumento de las precipitaciones en las últimas décadas, con una concentración en el semestre cálido, octubre-marzo, que afecta a los cultivos de verano como soja, maíz y girasol". La especialista advirtió que también existe una gran variabilidad entre subregiones. Por ejemplo, el incremento en el noroeste de Buenos Aires, sur de Córdoba y noreste de La Pampa es mucho más relevante que en el resto de la región pampeana.
"Hubo además un corrimiento espacial de los cultivos. La soja se cultivaba principalmente en la región pampeana y, actualmente, la mayor disponibilidad hídrica, junto a los avances tecnológicos y la coyuntura económica, han posibilitado la expansión del cultivo hacia el norte y oeste de la región", dijo Spescha.
Fuente: Universia y SIAV Agronomía UBA