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El clima y la gruesa

Salvo por problemas puntuales de sequía en el sur de Buenos Aires, La Pampa y el Chaco y de exceso de agua en el Norte, se estima que las lluvias acompañarán al campo, generando buenas expectativas sobre los resultados.
03/02/2007 00:00 hs

Este año, de acuerdo con los pronósticos, el clima estará del lado del campo, debido a que habrá un buen promedio de lluvias en la zona núcleo de producción. Aunque, una vez más, la única región no favorecida por la bonanza será la que comprende el sudoeste de Buenos Aires y este de La Pampa y pueden continuar los anegamientos en el norte del país.

"Si bien va a haber problemas locales por sequía en el Oeste, por exceso de agua en el Norte y el Este, alta incidencia de enfermedades y mucho granizo y vientos, el clima acompañaría el desarrollo de los cultivos", dijo Eduardo Sierra, profesor de Agroclimatología de la Facultad de Agronomía de la UBA.

"Hubo y habrá buenas lluvias en los períodos más críticos de necesidades de agua del maíz, el girasol y la soja. La cosecha va a ser buena, siempre que no aparezcan inconvenientes al fin del ciclo agrícola, debido a un otoño con lluvias superiores. Pero en general, el año promete ser muy bueno", dijo César Rebella, del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar.

Para Sierra, las zonas más beneficiadas por la bonanza van a ser las del núcleo agrícola (este de Córdoba, centro y sur de Santa Fe, este de Entre Ríos y norte de Buenos Aires). En este contexto, el cultivo mejor posicionado parece ser la soja. "Anda muy bien, y tiene toda la perspectiva de arribar a buen término. Se implantaron 16,1 millones de hectáreas. Por el momento, las condiciones son propicias para volver a alcanzar el rinde de 2800 kg/ha de la campaña 2002/2003, lo que representaría una producción cercana a los 45 millones de t", dijo Sierra.

En cuanto al maíz, que aumentó su superficie en un 10% (2,7 millones de ha), Sierra y Rebella calculan que, con un rinde algo superior a 7.000 kg/ha, se puede estimar un potencial para este cultivo de 19 o 20 millones de t que, si las lluvias retornan en febrero, como esperan los expertos.

El girasol, por otro lado, tuvo un panorama menos favorable. "Hubo problemas de agua en el Chaco, pero no en otras zonas de cultivo. Se calcula que la cosecha va a estar en 4 millones de t, un poco más que los 3,8 de 2006. Eso porque este año hubo mejores rendimientos y aumentó el 4% la superficie cultivada", explicó Rebella.

La contracara de la buena noticia que representan las lluvias se dará en el noroeste argentino, el Chaco y el norte de la Mesopotamia, que están recibiendo lluvias muy intensas, lo que provoca un exceso de humedad que pone en riesgo la sanidad de los cultivos y podrían causar anegamientos. "Este es un año con calentamiento del Pacífico y con riesgos de lluvias superiores a las normales en el Norte y para el Litoral, que estuvo muy beneficiado por las lluvias, pero que ahora puede presentar algún riesgo de inundación. Hoy, por ejemplo, la altura del Paraná en Corrientes es de 6 metros, cuando 6,50 es el alerta", detalló Rebella. "Esto quizá genere problemas como tener que hacer movimientos de hacienda en la zona, pero puede favorecer al arroz, que venia de años de disminución de su superficie por falta de agua", agregó.

La abundancia de aguas entraña otro peligro: mayor riesgo de enfermedades. Según Rebella, el agua, al favorecer el desarrollo de la vegetación, puede provocar plagas y enfermedades, así que habrá que estar muy alerta en el fin de ciclo. "Va a ser un año para no dejarse estar en la cosecha, no perder las oportunidades de levantar el cultivo", alertó.

Finalmente, reflexionó Rebella, este año es mejor que el año pasado, aunque la falta de agua no ayudó a la zona triguera y ganadera del sudoeste de Buenos Aires y parte del este de La Pampa. Este hecho configuró un escenario de una merma importante de los resultados del cereal, que tendría, un rinde promedio de 2600 kg/ha, que se puede considerar aceptable, pero que incluye fuertes mermas en las zonas afectadas por la sequía (con rindes bajo los 1400 kg/ha). "Debido a la sequía se dejaron de implantar una 600.000 ha, con lo que se puede calcular que la cosecha será de unas 13,8 millones de tonelas", finalizó Sierra.

El pronóstico para todas las regiones

Este año, de acuerdo con Eduardo Sierra, experto en agroclimatología de la Fauba, será otro año de El Niño, fenómeno que provoca precipitaciones por encima de lo normal en el área núcleo agrícola y sequía en el NOA, Cuyo y el oeste del Chaco. Para Sierra, esto configura el siguiente panorama para el año, región por región:

El NOA: aunque El Niño se reactive durante el verano, su influencia será débil, por lo que habrá precipitaciones abundantes, con riesgo de tormentas localizadas severas. Para el otoño, el desarrollo de condiciones de La Niña presentará el riesgo de fuertes lluvias, con tormentas localizadas intensas.

Región del Chaco, norte de Córdoba y Santa Fe: el oeste de la región se beneficiará con lluvias abundantes, en forma similar a lo que se espera en el Noroeste. Por otra parte, el Este se beneficiará con la combinación de El Niño y el calentamiento del Atlántico, con lluvias abundantes. Durante la mayor parte de la estación estival, se presentará el riesgo de tormentas localizadas, capaces de provocar anegamientos. En el otoño, se recibirán lluvias abundantes, en forma similar a lo que se espera en el Noroeste.

Zona núcleo, Mesopotamia y depresión del Salado : la intensificación de El Niño causará un oportuno retorno de las lluvias y atenuará el calor. Son probables tormentas localizadas, que podrían causar anegamientos en la Mesopotamia y la depresión del Salado. En otoño, es poco probable que La Niña alcance por sí sola para reducir las lluvias.

Centro/sur de Córdoba, norte de La Pampa y de Buenos Aires) : la reactivación temporaria de El Niño producirá lluvias moderadas a abundantes, con probables tormentas. En otoño, La Niña generará el riesgo de que las lluvias se corten.

Sudeste y sudoeste de Buenos Aires, y parte de La Pampa : si persiste el calentamiento, las lluvias otoñales serán abundantes, pero si el Atlántico se enfría en abril, como en 2006, se producirá un corte temprano de las lluvias, lo que determinaría la continuidad de la sequía.

LA NACION

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