La cotización minorista del dólar repuntó ayer un centavo, al subir de 3,16 a $ 3,17 la punta vendedora, que cerró así su cuarta semana consecutiva con aumento: estaba a 3,12, el viernes 13, y se había negociado a 3,13 y 3,16, el 20 y el 27 del mes pasado, respectivamente.
Sin embargo, la novedad es que la nueva banda fáctica de flotación, que la mayoría de los analistas ubica entre $ 3,14 y 3,20, lleva una semana de vigencia y en el mercado se descuenta que se mantendrá sin mayores cambios al menos hasta que se elija un nuevo presidente de la Nación, antes de moverse un escalón más arriba.
Economistas y operadores parecen convencidos que la decisión oficial es ajustar gradualmente al alza el valor del dólar para devolverle algo de la rentabilidad perdida por la suba de costos a las empresas exportadoras y productoras de sustitutos de importación, a la vez que incrementar sus ingresos fiscales por las retenciones. Intuyen, incluso, que ese plus está detrás de la promesa que el presidente Néstor Kirchner hizo en su paso por la Bolsa porteña, cuando habló de una futura convergencia entre el ritmo de expansión de los gastos e ingresos del sector público.
"La semana pasada el Banco Central se asustó con la velocidad de la suba, porque ésta coincidió con la corrida de mercados y el pico de iliquidez en la plaza financiera local, por lo que actuó con buen criterio para atenuarla. Pero me parece claro que revisó el momento del ajuste alcista, no la decisión de llevarlo adelante", expresó el economista de la consultora Deloitte, Luis Secco.
Pero no se deja de apuntar que esa estrategia encierra riesgos en momentos de alta sensibilidad inflacionaria. Un dólar más alto impondría mayores presiones inflacionarias "por los costos de los insumos importados que son necesarios también para atender una demanda interna recalentada. Hay que recordar que, entre agosto de 2005 y febrero de 2006 [subió de $ 2,90 a 3,10], una importante alza del tipo de cambio contribuyó a una suba posterior de la inflación y obligó al Gobierno a establecer los acuerdos de precios para frenarla", apuntó el analista del Silver Cluod Advisors, Javier Salvucci, en su último informe.
"El riesgo es que aumente la presión sobre la estructura local de precios, que ya cruje por una demanda que cada vez le saca más cuerpos a la oferta en momentos en que los precios de las commodities de energía y alimentos suben más", opina Fausto Spotorno, del Estudio Orlando Ferreres y Asociados. "Esta conducta procíclica puede impactar sobre las expectativas de los agentes, con el riesgo que esto supone en un país con reflejos inflacionarios como el nuestro", insistió. "En la Argentina cuando se quiere manejar al valor del dólar, como si fuera un precio más, la historia termina mal. No creo que sea este el caso, pero vale la pena tener en cuenta ese límite", señala Secco.
Los datos que dejó el movimiento de la plaza cambiaria en la semana parecen corroborar que hubo un cambio en las expectativas: ya no sólo redolarizaron posiciones empresas y bancos, sino que también se sumaron algunos ahorristas.