El picudo algodonero es el factor principal que decidirá si la Argentina, con los costos de producción casi más bajos del mundo, será un país exportador de algodón o si se convertirá en un importador neto, como le pasó a Brasil hace poco más de diez años.
En efecto, en la temporada 1996/97, Brasil importó 500.000 toneladas de fibra, especialmente de Asia Central, y produjo únicamente 300.000 toneladas de algodón. Uno de los factores principales fue el picudo, que prácticamente eliminó la producción de algodón en los estados de Paraná y San Pablo.
Esto repitió la experiencia de América Central, cuyos países cultivaban 400.000 hectáreas de algodón hace 30 años y hoy prácticamente no producen nada, por la misma razón.
Esto no sólo afectó los intereses de los productores de algodón y las desmotadoras, que trabajaron a un pequeño porcentaje de su capacidad, sino que también tuvo efectos negativos sobre la competitividad de la industria textil, que en muchos casos (hilanderías y fábricas de denim) depende de que el algodón esté a un costo accesible, asegurando por supuesto la rentabilidad de los productores.
Hoy, a pesar de altos rendimientos por hectárea, los costos de producir el algodón siguen siendo altísimos en Brasil, y la producción se pudo aumentar gracias a subsidios estatales (a partir del programa Pepro) y nuevas tecnologías aplicadas en los estados de Mato Grosso, Goiás y Bahía, pero los algodoneros siguen debiendo enormes sumas a los bancos. Sin embargo, la producción del Brasil aumentó cinco veces sobre la del 1997, y hoy exporta 500.000 toneladas anuales.
En el mercado mundial, el consumo de algodón ha mermado bastante debido a la crisis financiera internacional. El precio es un 40% inferior al del año pasado, y es fundamental que los costos de producción sean bajos (además de obtener un alto rinde por hectárea), para poder sobrevivir. Las prácticas de surco estrecho, cosecha con máquinas stripper, y la adaptación de las desmotadoras a esta nueva tecnología, ha aumentado los rindes de fibra por hectárea, dándole una renovada esperanza a los productores de algodón del oeste del Chaco, que han sido los mas innovadores en la materia.
Allí se cultivan 100.000 hectáreas de algodón, y hasta la sequía de este año eran frecuentes los rindes de 1000 kilos de fibra por hectárea.
Esta renovada esperanza corre serio peligro debido al picudo algodonero, que ya ha reducido la siembra del algodón a su mínima expresión en Corrientes y en el este del Chaco, totalmente infestado por la plaga.
Los productores de Oeste recién hora se están organizando para luchar contra algo que les parecía un problema ajeno, y el Senasa no tiene los medios necesarios para encarar la lucha seriamente, a pesar de la tasa que le cobran a los hilanderas de algodón para financiarla.
Los créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) los utiliza para otras plagas que afectan a los frutales, y lo triste del caso es que hay una ventana de oportunidad para asestarle un golpe certero a "la plaga del billón de dólares", como la llaman en los EE.UU., donde un largo pero eficiente plan de erradicación la ha convertido en una reliquia del pasado. Hoy sólo hay algunos pocos especímenes capturados ocasionalmente en Texas y en Luisiana, y dejó de ser un problema económico .
En efecto, el picudo fue fuertemente afectado por la sequía en el verano de 2009, y recién los sobrevivientes están reproduciéndose ahora con su característica tasa alarmante en algunas zonas del Chaco y otras provincias algodoneras.
Claramente, esto implica una oportunidad de pegarle un golpe mortal, e iniciar una campaña de erradicación comenzando con el Oeste del Chaco, para impedir su introducción a Santiago del Estero, e iniciar una campaña gradual de despejar el insecto de toda la provincia.
Los productores que más expuestos están a la plaga son los pequeños y medianos, y están condenados a desaparecer, a menos que se apliquen técnicas de supresión muy organizada, desplazando al picudo hacia el Paraguay.
Evidentemente, será necesario un plan regional financiado por el BID, pero si se tiene en cuenta que en Ñeembucu, el departamento paraguayo de donde vinieron la mayoría de los picudos que infestaron a Formosa, Corrientes y este del Chaco, se cultivan hoy sólo 2000 hectáreas de algodón.
La tarea no debería ser tan difícil. Existen técnicas utilizando masivamente trampas y feromonas, desarrolladas por la Fundación de Lucha contra el Picudo Algodonero (Fulcpa), que pueden ser adaptadas a los pequeños productores para suprimir la plaga, y ya fueron aplicadas exitosamente en Formosa.
El gobierno del Chaco ha hecho cuantiosas inversiones en trampas y feromonas este año, (para conocer exactamente donde están las infestaciones que deben ser atacadas.), pero le faltan los medios para iniciar una campaña de erradicación, si se estima que de esas 100.000 hectáreas del Oste de la provincia habría 50.000 infestadas , y hacen falta tres pulverizaciones en promedio , para que no sobrevivan hasta la cosecha que viene. Esto es equivalente a 1.800.000 dólares en insecticida (malation o endosulfan) y contratar las pulverizaciones.
Esta suma parece una inversión muy grande, pero teniendo en cuenta el potencial del algodón en el país, y las consecuencias de no hacerlo, claramente no lo es tanto. A fines de la década de los 90, el Senasa estimo en 100 millones de dólares anuales el efecto de la plaga, que desde entones no ha hecho mas que crecer. Los efectos se harán notar en las provincias norteñas, que cultivan algodón y también lo industrializan. Es fundamental por lo tanto que el Gobierno busquen medios financieros urgentemente, porque esta oportunidad no se dará dos veces.
Por Jorge Vartparonian - publicado en La Nación
El autor es presidente de la Fundación de Lucha contra el Picudo Algodonero (Fulcpa)
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