En el marco de la V edición de exposición de frutas y hortalizas, Frutar 2013, desarrollada en la capital de la provincia de Formosa, Julio Aráoz, Secretario de Desarrollo Económico del Ministerio de la Producción provincial, aseguró en diálogo con El Enfiteuta que el plan de gobierno incluye pasar en la próxima década de 300 mil hectáreas cultivadas a 700 mil.
La cifra implica más que duplicar la superficie cultivada con todo tipo de agricultura desde la producción extensiva de granos, forrajes, frutas y hortalizas pero “con una fuerte ayuda del estado a los pequeños productores”, subrayó el funcionario.
Aráoz explicó que la expansión de la superficie cultivada “se hará dentro de un marco” en referencia a las críticas desde sectores ultra ambientalistas que apuntan al desmonte en la provincia. El plan estratégico provincial “se hará dentro del ordenamiento territorial” y con un fuerte apoyo al productor que lo necesita.
El funcionario indicó que la provincia en colaboración con organismos nacionales, como el Inta y el Senasa, busca la forma de desarrollar tecnologías para el pequeño productor. “El productor grande puede comprar la tecnología”, pero “el pequeño no tiene recursos para hacerlo”, indicó.
En esa línea de razonamiento, Aráoz, aclaró que si el Estado no se ocupa con políticas públicas del pequeño productor para ofrecerle tecnología que pueda aplicar en su emprendimiento se agranda la desigualdad. Sin esa ayuda, el gran productor que puede comprar la tecnología, amplía la brecha con el más pequeño que va quedando relegado.
El trabajo codo a codo con la pequeña producción formoseña se viene desenvolviendo desde hace unos siete años con el Instituto Paippa, que conduce Carlos Sotelo. Existen unos 10.000 “paipperos” en la provincia de Formosa que han logrado evolucionar en sus producciones y crecer.
“Un caso emblemático”, explicó el diputado Luis Basterra, “es el de un matrimonio de paipperos que comenzaron como asalariados”. La pareja pudo acceder a un pequeño terruño y comenzar su emprendimiento a partir del Instituto Paippa.
“Hoy tienen 5 hectáreas productivas, y sus hijos están por concluir los estudios secundarios, con una proyección a acceder a una educación superior”, graficó Basterra. Esa movilidad social y futura formación profesional de los hijos se potencia en la empresa familiar que tiene su origen directo en la política pública.
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