El Gobierno se propone regular la demanda industrial y auditará las centrales térmicas
Una nota del Gobierno enviada en las últimas horas a las generadoras eléctricas puede explicar, mejor que nada, que la preocupación energética ya se metió en casi todos los despachos oficiales: durante los próximos 15 días, funcionarios que responden al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, harán auditorías en todas las centrales térmicas. Interesa, entre otras cosas, ver cómo se preparan para los próximos meses. En paralelo, en la Casa Rosada analizan, junto con empresas industriales y de otros sectores, medidas de ahorro para el verano, como cambios en los horarios de producción o la cancelación de espectáculos deportivos nocturnos.
La inquietud no es infundada. Recientes desperfectos en centrales de Dock Sud, Central Puerto y Atucha I permiten entrever que el sistema eléctrico recibirá los primeros calores de la temporada con 1200 megavatios menos en su oferta. En un escenario que opera al límite, cualquier inconveniente es mal recibido.
Estudios meteorológicos prevén que las temperaturas críticas sobrevendrán en diciembre, todavía un mes de actividad fabril plena. Y un reciente informe de Cammesa, la empresa que administra el sistema eléctrico argentino, indica que la demanda podría alcanzar, este verano, picos de 18.000 MW entre las 8 y las 10 de la noche. El último susto eléctrico, en julio pasado, ocurrió con un nivel de consumo considerablemente menor: 17.300 MW.
Ayer volvió a reunirse la comisión energética que ha convocado el Gobierno y que integran representantes de asociaciones de empresas manufactureras y distribuidoras eléctricas. La sola composición de esa mesa de análisis, que conduce el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta, era interpretada ayer en el sector eléctrico como un reconocimiento de la crisis.
De esas reuniones han salido, por ejemplo, ideas que aún se estudian y que el Gobierno se reserva el derecho de aplicar o no. Por ejemplo, la cancelación de espectáculos deportivos nocturnos en los días de calor, una disposición para que los comercios apaguen las luces de las vidrieras durante la noche, cambios en los horarios de producción industrial y coordinación de las fechas de paradas de planta de las industrias.
La pretensión oficial es, más que correr en el verano detrás de soluciones drásticas, evitar al menos cortes de luz. Las medidas de fondo vendrían, quizá, después de las elecciones del año próximo.
En la Casa Rosada hacen el siguiente cálculo. Aunque en estado crítico, el problema eléctrico no ha ingresado aún en una etapa dramática. Se espera, pues, en el peor de los casos, un desfase entre la oferta y la demanda de no más de 300 kilovatios, algo perfectamente controlable.
Y ese déficit sí se puede amortiguar con medidas acordadas con la industria. Están trabajando en la propuesta la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que preside Luis Pagani, de Arcor; la Unión Industrial Argentina (UIA), que conduce Héctor Méndez, y la Asociación de Empresas Distribuidoras de Energía Eléctrica (Adeera), que comanda Alejandro Macfarlane, de Edenor.
Los industriales ya han sido advertidos por el Gobierno y deben moverse como equilibristas: tienen que trabajar en medidas, se les pide, pero sin alarmar, sin que esas iniciativas se traduzcan en la idea de que existe una crisis.
La mayor prueba de la preocupación oficial es ésa: en el Ministerio de Planificación causa escozor que siquiera se hable de energía. Ante un pedido de Baratta, AEA y la UIA acataron con disciplinada celeridad la orden de cancelar anteayer un seminario en que se plantearían alternativas para lograr un consumo más eficiente de energía. "Nos lo pidieron. Ellos no quieren que se diga que hay una crisis", confió a LA NACION un industrial.
Esa es la explicación por la que los funcionarios están pendientes, como nunca, de lo que se difunde. De Vido cuestionó ayer, muy molesto, que se hubiera publicado que Enarsa compraba el gas de Bolivia muchísimo más caro de lo que lo vende. "El Correo es superavitario, el espacio radioeléctrico es superavitario, Enarsa es superavitaria y estamos intentando hacer lo mismo con el ferrocarril San Martín", dijo.
LA NACION