Frases como “el escenario favorable que se abre para los países dados los cambios de los patrones de consumo de los países emergentes que hace la producción de alimentos convierta a la Argentina en un socio estratégico de los nuevos polos de poder mundial”; o “estas hipótesis nos llevan a imaginar un escenario muy favorable para potenciar la producción y exportación de alimentos, pero también de tecnología, servicios y biocombustibles”; también aquellas del tipo macroeconómico como “la favorable evolución de los términos del intercambio (precios de nuestras exportaciones vs. precios de nuestras importaciones), de los últimos años, parece responder no sólo a la coyuntura particular de la debilidad del dólar y la liquidez global, si no a cambios estructurales de largo plazo” corrieron el telón para que la obra que integran expectativas privadas y posibilidades materiales salgan a escena para desplegar un guión a futuro que todos quieren interpretar.
Más de 500 empresarios de las más de 20 cluster que integran el Foro de la Cadena de la Agroindustria sintieron que el amplio consenso de los especialistas acerca de la potencialidad de las cadenas argentinas, las del sector primario y aquellas que agregan valor integrándose en proteínas y alimentos, les susurraba la música que sus oídos querían escuchar: se mantendrá el esquema que permitió el desarrollo, la generación de empleo, el agregado de valor y la colocación de productos en mercados altamente demandantes.
Y la coincidencia fue total. Intelectuales como Enrique Szewach, Bernardo Kosacoff, Juan Vasconcellos y Juan Manuel Garzón de la Ieral; el ministro de Agricultura Marcelo Regúnaga o el especialista internacional de FAO, Ramesh Sharma, Gustavo Víttori, Juan Tokatlián o Daniel Arroyo, con ribetes y aristas técnicas distintivas fueron dibujando un sentido auspicioso.
Un dato estadístico refuerza la hipótesis: 1200 millones de personas salieron de la pobreza extrema en los últimos veinte años en todo el mundo, y se espera que en los próximos 20 se sumen 1000 millones más; esto implica mayor demanda de calorías y alimentos que produce Argentina.
Desarrollo. Bernardo Kosacoff desplegó un concepto que abona el criterio general y que se Inscribe en este marco. “Los países de la región tienen en común que son abundantes de bienes exportables, pero su canasta depende de la canasta de cada país, y los términos de intercambio han favorecido más a la Argentina que a Brasil, porque Brasil tiene una historia industrial más importante, y es una diferencia positiva que se potencia porque Argentina al ser más pequeño, pero también porque es más abierto. En Argentina el nivel de exportaciones es del 34 % del PBI y Brasil del 20%, pero es una condición para aprovechar el momento seguir siendo una economía abierta para potenciar los términos de intercambio”.
Esta fue la demanda principal, previsiblemente, que a la hora de los discursos de cierre de Hugo Biolcati y Rubén Ferrero, presidentes de la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, dos de las entidades más importantes de las 40 que integran el Foro, estuvieron dadas en “mayor previsibilidad, la implementación de medidas racionales y la búsqueda de consensos para el desarrollo armónico para una mayor producción”.
Sin embargo, si bien hubo coincidencias sobre que aún no se sabe cómo se implementará, el sector agroalimentario mostró abierta adhesión sobre el Plan Agroalimentario Nacional que espera multiplicar la producción par 2020, y que el Gobierno presentó un par de meses atrás.
Ante una nutrida concurrencia que se dio cita en el Centro de Convenciones Los Maderos, en el puerto de Santa Fe, los dirigentes de las entidades del campo subrayaron que “el escenario favorable que se abre para los países dados los cambios de los patrones de consumo de los países emergente que hace la producción de alimentos convierte a la Argentina en un socio estratégico de los nuevos polos de poder mundial. Estas hipótesis nos llevan a imaginar un escenario muy favorable para potenciar la producción y exportación de alimentos, pero también de tecnología, servicios y biocombustibles”.
Sin embargo, expresaron que esta perspectiva auspiciosa tiene también “luces amarillas encendidas sobre este escenario aparentemente ideal”. Aseguró que existen “riesgos macroeconómicos que ponen en riesgo el futuro ya que no están maximizándose las condiciones de producción. Las herramientas como los ROE han resultado poco efectivos y han llegado a ser destructivo, como en el caso de la ganadería donde se han perdido 20 mil puestos de trabajo y hoy se está exportando menos que Uruguay. Por eso insistimos en que es absolutamente necesario contar con políticas claras y precisas en el marco del sector”, reseñaron.
El octavo Foro dejó muchas expectativas y un gran desafío: incrementar la producción y mejorar la competitividad de los sectores. Kosacoff lo expresó de una manera cruda pero real: “La descommotización es más amplia que la sustitución o agregado de valor. Si los precios del petróleo se derrumban por distintos motivos o si suceden cambios en los patrones económicos, es muy importante que nuestros clientes sigan pidiendo nuestros productos, para lo cual tenemos que diferenciar nuestros productos. Se pueden diferenciar a partir de mostrar la información y trazabilidad del producto ya que el consumidor es cada vez más exigente y desde la calidad. El concepto de la descommoditización, puede ayudarnos, para que si en algún momento el ciclo cambia no tengamos que volver a firmar un nuevo pacto Roca-Runciman porque el momento nos encontró débil. Tenemos que prepararnos para no firmar ese pacto con China, sino que nuestros clientes admitan que Argentina provee productos diferenciados y que vale la pena tenerlos de aliados”, sentenció el ex director de la Cepal.
El informe especial de la jornada
Enrique Szewach fue el encargado de difundir el martes, en la octava edición del Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina, en Centro de Convenciones Los Maderos, de Santa Fe, el trabajo principal que realizó el economista denominado: “El aporte de la agroindustria: hacia un progreso sostenible”.
Lo hizo a partir de una recopilación de los trabajos presentados en las ediciones anteriores y aportando sus conocimientos en macroeconomía. “Abordé este trabajo con la ingenuidad de quien se aproxima por primera vez y con el objetivo de desembarazarme de todo prejuicio que puede circundar a los sectores con la idea de no dejarme influenciar por los mitos”, comenzó diciendo el profesional.
La síntesis del documento fue un aporte interesante ya que se realizó siguiendo series elaborada por Orlando Ferreres y tratando de evitar ingresar en territorios conflictivos con las estadísticas.
Se basó en cuatro ejes: a) La favorable evolución de los términos del intercambio (precios de nuestras exportaciones vs. precios de nuestras importaciones), de los últimos años, parece responder no sólo a la coyuntura particular de la debilidad del dólar y la liquidez global, sino a cambios estructurales de largo plazo; b) La Argentina en las últimas décadas tuvo un salto espectacular en su producción agroindustrial resultado de un marco institucional adecuado para la adopción y difusión de nuevas tecnologías, y por la estabilidad de las reglas macroeconómicas y específicas para el sector; c) Se generó una nueva organización de la producción. Un cambio estructural en las cadenas de valor, en el empleo y en la “democratización” del uso de los avances tecnológicos; y d) Sin embargo, en los últimos años el entorno institucional se ha ido desdibujando. Las sociedades exitosas han resuelto el dilema entre eficiencia y distribución, con las señales adecuadas para maximizar la producción y redistribuyendo ingresos a través de la política de gasto público.
Dice Szewach como reflejo del pensamiento de las cadenas que la Argentina actúa con medidas regulatorias, impositivas y de controles de precios que tienen efectos negativos sobre la producción, mientras que el gasto público no necesariamente llega a los sectores más necesitados, ni en cantidad, ni en calidad.
“La Argentina produjo un salto de gran magnitud en su producción agroindustrial, gracias a la combinación de cambio tecnológico, un ambiente institucional favorable a la difusión de las nuevas tecnologías; estabilidad de las reglas de juego macroeconómicas y cambios extraordinarios en la organización de la producción, el management y la calidad de los recursos humanos.
Estas condiciones, en especial las referidas a la estabilidad de las reglas macroeconómicas, y a la incorporación de innovaciones tecnológicas, se han desdibujado en los últimos años, y están poniendo en riesgo la evolución futura del sector o, al menos, no se generan las condiciones para maximizar la producción agroindustrial en sentido amplio, desincentivando la diversificación, y la ampliación de cadenas de mayor valor agregado en el sector”, fue un párrafo central de la exposición del economista.
AL MARGEN
Hugo Biolcati. “Argentina tiene un enorme potencial de crecimiento y empleo a partir de la agroindustria, especialmente por el cambio en los patrones de consumo en la población mundial lo que genera una gran oportunidad para países como el nuestro que producen alimentos y biocombustibles. Y las cadenas se pueden conformar en un eje fundamental para ello ya que no son muchos los países que pueden incrementar su capacidad como el nuestro, y no estamos en condiciones de perder esta oportunidad”.
Rubén Ferrero. “Según distintos estudios de la Comisión de Enlace con Aacrea, el sector primario puso en juego en materia de gasto e inversión cerca de 170 mil millones de pesos, (40 mil millones de dólares) y todo esto nos da una dimensión económica que se ve afectado por la crisis y nos obliga a pensar en la posibilidad de revisar algunas políticas que se vienen implementando y la necesidad de promover un régimen de exportaciones que le de previsibilidad a los exportadores con una correcta previsión de precios”
Hermes Binner. “En Santa Fe hemos desarrollado esta política de inclusión de la ruralidad pensando en el ordenamiento territorial y en la necesidad de proteger la tierra y en que realmente es importante construir una economía y una sociedad sustentable. Hay que incorporar en cada eslabón el conocimiento necesario para que el país siga creciendo y no creer que una cadena comienza en la semilla, porque nos encontramos con la sorpresa que en la semilla hay mucha ciencia y conocimiento”.
Bernardo Kosacoff. Necesitamos derivar la mejora en los términos de intercambio mucho más a la inversión que al consumo. Y así como hay un gran consenso sobre la sustitución de importaciones, hoy necesitamos un consenso sobre la política inteligente de Argentina en el contexto mundial. Y si hay 40 cluster que hay que apoyar en la Argentina por ser exitosos por si mismos, seguro que más de 20 de ellos están incluidos en el sector agroindustrial. El terreno fértil no son las cámaras sectoriales tradicionales, sino este tipo de agrupamientos más horizontales y es nuevo para el país.
Marcel Regúnaga. “Nuestra economía depende de cómo evolucionen sus agroindustrias, y de cómo funcionen sus actores productivos. El Plan Estratégico Agroalimentario nos llena de beneplácito, pero es necesaria una nueva visión que valore la realidad y las complejas tramas que tiene las cadenas, que reconozca su carácter multidireccional en todo el territorio de la nación. Este sector es mucho más que la soja. Es un sector con un enorme impacto en todo el país en la generación de empleo. Si este sector creciera como puede hacer tendríamos un balance neto de divisas más positivo, este sector permitiría incrementar el número de Pymes en el país, y si Argentina quiere ser un país integrado debe promover el desarrollo de su territorio”.
Jorge Vasconcellos. “Las 16 cadenas, puestas en valor, pueden llegar a generar 2.8 millones de trabajos nuevos, casi la mitad de los salarios formales que hoy tiene la Argentina. La potencialidad está, ahora depende de nosotros. Hace falta algunas condiciones que pasan más por nosotros que por el mundo, y dentro de estas condiciones deben estar las compartidas por las dirigencias económicas, y que haya condiciones macroeconómicas y políticas. Es necesario fijar un rumbo y mantenerlo por los próximos 10 años”
Gustavo Víttori. “Los sectores productivos, básicamente el sector agrícola, quien pareció más cerrado y tradicionalista durante años, es el que curiosamente se ha abierto. Hoy he escuchado conceptos como agricultura sustentable, mientras que los abiertos del mundo están cerrado en las experiencias de laboratorios o institutos especializados. La soja tiene mala prensa, y en la sociedad, la palabra sojización se ha instalado como palabra mal hecha, y sin embargo es la que viene financiando el excepcional gasto público argentino. Esto lo está entendiendo el Gobierno”.
Juan Tokatlián. “Vemos que se están dando tres tipos de cambios que se dieron en este tiempo en relación con los `90 donde estábamos en la cúspide de los países desarrollados occidentales. Hubo una redistribución masiva del poder de oriente a occidente y del norte al sur. Este es un dato que me parece que tenemos que computar. Nadie en la historia gana o pierde poder gratuitamente. Hay un reacomodo de fuerzas y lo que hay que evitar es que convierta en conflicto. Para Argentina y su sector agroindustrial será clave para ingresar en este nuevo mundo”.
Ramesh Sharma. (economista senior de la FAO):”las políticas de restricciones adoptadas por varios países no han conseguido de que se reduzcan los precios internos de los productos que utilizan como insumos a los commodities, por ejemplo el pan, los quesos, y otros derivados de insumos primarios. Las restricciones a las exportaciones son impopulares, pero en muchos países las aplicaron, entre ellos la Argentina. Insto a promover el diálogo y el debate en este tema para ver cómo se puede volver a implementar buenas políticas. En el caso de un país grande como la Argentina entra en juego los términos de intercambio, entonces el bienestar total puede ser positivo o negativo, pero dependiendo del poder de su mercado, y esto se convierte en un problema internacional, porque lo que uno hace tiene implicancia para otros países”.
Fuente: El Diario - Gustavo Sánchez Romero
Envía tu comentario