“Se pierden 450 kilos por hectárea en lotes de soja con erosión hídrica en Entre Ríos” expresó el Ing. Agr. Osvaldo Paparotti, investigador y director de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Paraná. Esta frase rotunda y determinante la comentó el técnico al mencionar que a este dato arribaron como resultado de los trabajos que llevaron adelante en lotes de producción durante la campaña 2010/11, localizados en los departamentos Diamante y Victoria.
En este sentido, el Ing. Agr. Jorge Gvozdenovich, técnico que participa de esta investigación agregó que “la conclusión de que hay pérdidas de producción y económicas, debido a la pérdida de suelo por erosión hídrica, es fundamental para ser tenida en cuenta por productores y asesores profesionales que manejan los lotes productivos a campo”.
Erosión, agua, rendimiento
Con el objetivo de determinar variaciones en el rendimiento de soja debidas a la erosión hídrica, el equipo de investigadores realizó relevamientos del rendimiento del cultivo de soja de segunda en la campaña 2010/2011 en algunos departamentos de la provincia de Entre Ríos.
“Visualmente se observaron diferentes grados de desarrollo del cultivo, según las posiciones del paisaje (loma, media loma y bajo) y en dichos sitios se realizaron mediciones de rendimiento que arrojaron una alta variabilidad y se determinó la profundidad del horizonte A en cada una de las posiciones”, explicó Paparotti en referencia a los trabajos realizados.
“La variabilidad en el rendimiento está estrechamente asociada a la disponibilidad hídrica, la que depende del estado de degradación del suelo. El efecto de la retención de agua tiene implicancia en los rendimientos y la sistematización con terrazas, además de mantener productivo el recurso suelo por muchos años. Existe una correlación negativa entre suelo perdido y rendimiento de soja y correlación positiva del rendimiento con el espesor del suelo sobre los horizontes estudiados”, detalló Gvozdenovich.
Explicaron también que se eligieron lotes de producción al azar, sin terrazas y que presentaran áreas diferentes, visualmente clasificadas en loma, media loma y bajo. “Las mediciones se realizaron en soja de segunda en siembra directa, sembrada a 52.5 cm. El cultivo estaba en buenas condiciones, buen stand de plantas, muy pocas malezas, no se observaron daños ocasionados por plagas ni enfermedades y en madurez de cosecha”, comentó Paparotti.
Detallaron además que en cada área de producción tomaron tres muestras de 1 metro cuadrado cada uno y se determinó la profundidad del horizonte A. Se georreferenció cada uno de los puntos muestreados con GPS manual. Indicaron que en gabinete se determinó la serie de suelo correspondiente a cada sitio de muestreo y se correlacionó la profundidad del horizonte A de la serie tipo y la medida a campo, para determinar el grado de erosión. Con esta información se obtuvo el rendimiento en kilos por hectárea mediante trilla con máquina experimental, se pesaron los granos y el valor se corrigió al 13 % de humedad.
Resultados contundentes
“Para los tres sitios de muestreo, se perdió en promedio 4.5 qq/ha, atribuibles a la erosión hídrica”, remarcó Paparotti. Para el investigador, de los resultados analizados se puede concluir que hay pérdidas de producción y económicas debido a la pérdida de suelo.
“En lotes ya erosionados la producción es menor que en los que aún no presentan daños. En la serie Costa Grande sin erosión en la loma el rendimiento fue de 3824 kg/ha y en la misma serie pero con erosión leve, el rendimiento de la loma fue de 2823 kg/ha. Esto indica que el efecto de las labranzas convencionales en lotes sin terrazas generaba erosión también en las lomas. Aspecto muy difícil de revertir con la tecnología disponible. A través de la misma se puede detener o reducir el efecto de la erosión pero de ninguna manera se revierte el proceso”, advirtió Gvozdenovich. Agregó además que el efecto de la retención de agua tiene implicancia en los rendimientos, por eso la Siembra Directa, como tecnología asilada, sin la suma de otras prácticas como terrazas en suelos con pendientes, si bien reduce el escurrimiento y la erosión, no lo hace completamente”, concluyó.
Fuente: EEA INTA Paraná - Ing. Agr. Osvaldo Paparotti e Ing. Agr. Jorge Gvozdenovich
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