Un documento recientemente publicado por la FAO analiza el impacto del desarrollo de nuevas industrias de bioenergía y alerta sobre las consecuencias socialmente negativas que podría tener, alentando a un minucioso análisis sobre el verdadero efecto. El organismo analiza que los biocombustibles podrían proporcionar servicios de energía limpia a los más de 2.400 millones de personas que recurren a la biomasa tradicional para sus necesidades energéticas, y a los 1.600 millones sin acceso alguno a la electricidad. Al mismo tiempo, indica, pueden generar ingresos y crear empleos en las zonas más pobres del mundo.
Sin embargo, el rápido crecimiento en la producción de biocombustibles ha elevado los precios de la materia prima agrícola y podría tener efectos negativos a nivel económico y social, particularmente entre los pobres, que gastan una gran parte de sus ingresos en alimentos. Así, se debe evaluar cuidadosamente los impactos económicos, sociales y medioambientales.
El rápido crecimiento en la producción generará una demanda sustancial sobre los recursos de tierras y agua en el mundo, en un momento en que la demanda de productos alimentarios y forestales también está creciendo de manera acelerada. El crecimiento de los biocombustibles líquidos ya ha comenzado a elevar los precios de los dos productos agrícolas básicos más importantes del mundo - el maíz y el azúcar.
A menos que se promulguen nuevas leyes para proteger a las tierras amenazadas, asegurar un uso socialmente aceptable de la tierra, y conducir el desarrollo de la bioenergía en una dirección sostenible globalmente, el daño social y ambiental podría, en algunos casos, superar los beneficios.
Rápido crecimiento
"El mundo ya empieza a renunciar al consumo del petróleo y, dentro de 15 ó 20 años, el biocombustible podría cubrir la cuarta parte de la demanda global de energía", señala Alexander Muller, subdirector General para el Departamento de Desarrollo Sostenible de la FAO.
En el estado en que se encuentra la producción de biocombustibles líquidos a nivel mundial, la producción de alimentos y la de biocombustibles son sustitutivas. Pero el nivel de competitividad dependerá de diversos factores, incluyendo los precios de los combustibles fósiles, el rendimiento y los costos de los cultivos y el ritmo en que se desarrollen las tecnologías de biocombustibles de segunda generación, hechos de material vegetal no comestible.
La producción mundial de biocombustibles se ha duplicado en los últimos 5 años y probablemente se vuelva a duplicar en los próximos 4. El rápido desarrollo de la bioenergía en el mundo presenta claramente un amplio rango de oportunidades, pero también acarrea desventajas y riesgos.