Así, la oleaginosa en la plaza granaria rosarina terminó con un retroceso de 3,5%, hasta $ 960 la tonelada, lo que terminó alejando a los productores del recinto de operaciones. Si bien los poseedores de soja esperaron hasta último momento a que la exportación y la industria subiera las ofertas, como eso no ocurrió no aceptaron realizar operaciones a esos precios.
Los analistas creen que los sojeros repetirán la estrategia que vienen desarrollando desde abril, cuando comenzó a estar disponible para vender la supercosecha de 55 millones de toneladas, de retener los granos a la espera de mejores cotizaciones. No obstante, la estrategia dependerá de lo que pasa en el exterior, dado que una mayor caída de los precios internacionales dificultará aun más la intención de los productores de vender lo más cerca o incluso por encima de los $ 1.000 la tonelada.
Las bajas en Chicago, que llegaron a casi 2% para el contrato a noviembre (de la nueva campaña mundial sojera), hasta u$s 354 la tonelada, el menor valor para el futuro más activo desde principios de junio. Las retracciones en el mercado de referencia respondieron básicamente a una toma de ganancias y a la influencia de mercados externos.
Entre los fundamentals citados por los analistas, la baja en los contratos de la soja nueva influyen las perspectivas de que las recientes lluvias en la zona productiva norteamericana mejoren los rindes de la cosecha que arrancará en las próximas semanas, lo que garantizaría buena oferta mundial del poroto.
Estacionalmente La falta de amenazas climáticas en el corto plazo en EE.UU. cuando la soja ingresa en una etapa clave de su desarrollo como es la formación de vainas presionó precios.
“Estacionalmente es difícil sostener un mercado alcista cuando se aproxima el reporte del USDA, ante la ausencia de una amenaza climática” indicó un analista.
Fuente: El Cronista
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