La restricción y ahora veda total a la exportación de carne vacuna que implementó el Gobierno con el objetivo de contener el precio interno y así la inflación, generó una suba en el precio del cuero.
Según coinciden fuentes de esta cadena industrial, la menor faena de animales y la imprevisibilidad de los escenarios disminuyó fuertemente la oferta, y así el cuero salado (el que los frigoríficos le venden a las curtiembres) pasó de un promedio de 3,10 pesos por kilo en enero, a $ 5,12 en abril, un alza de 65 %.
El aumento tiene a mal traer a todos los actores de la cadena. Por un lado a las curtiembres, fundamentalmente a las que se dedican a los productos de mayor valor agregado, como los cueros de tapicería, ya que al aumento de la materia prima se le suma una mayor proporción de mano de obra y en un contexto de subas salariales.
A raíz de esto, en el sector aseguran que algunas de ellas ya están disminuyendo la producción, con medidas como vacaciones forzosas anticipadas, reducción de turnos y suspensiones.