El camino que emprendió de la mano de Jesús Vulliez- hace 10 años el vino entrerriano con el norte puesto en recuperar una actividad que llegó a contar con 4.900 hectáreas y 50 viñedos en 1860, ocupando el cuarto lugar según el censo nacional de viñas realizado a comienzos del siglo anterior, se encuentra aún en su umbral, pero se mantiene firme y no deja de sumar acontecimientos que apuntalan institucionalmente la estrategia.
Primero fue la consolidación de la bodega instalada en Colón que tracciona toda la cadena, luego el surgimiento de nuevos emprendimientos que trabajan con un claro concepto de asociatividad, y siempre la nuevas y más fuertes inversiones; luego la conformación de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos que permitió dar un marco de mayor geografía al trabajo de los técnicos del sector y preparar el Plan Estratégico de la Vitivinicultura, en 2010, con apoyo del Estado provincial que aporta cerca de 150 mil pesos al año para que los productores, que ninguno supera las tres hectáreas, cuenten con asistencia y asesoramiento técnico en su propio establecimiento. Ahora le suma un hecho más que trascendente.
El sector ya tiene confeccionado un convenio que firmará en breve con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación y el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología por el cual, Estado y privado se comprometen a “promover la vitivinicultura de la provincia como una actividad productiva económicamente sustentable con la meta de lograr en 10 años- la implantación de 500 hectáreas, con una producción estimada en 2 millones de litros e ingresos por 50 millones”, según reza el documento al que sólo resta la aprobación de las autoridades nacionales.
PROYECTO
En síntesis, el proyecto busca identificar “las demandas cruzadas de innovación tecnológicas y oportunidades para el sector productivo”, y lo hace con una serie de indicadores vinculados a todo el arco de una tarea leonina en cada una de las etapas de su proceso. A saber: a) materiales, insumos o componentes con mejores prestaciones a menor costo; b) máquinas y equipos más modernos y eficientes a menor costo; c) componentes electrónicos y software específico para su incorporación al producto final y la mejora de sus prestaciones, y d) desarrollos de diseños que hagan más funcional y atractivo el producto o su embalaje.
Para esto, el Estado no sólo dispondrá de los entes principales a nivel nacional, sino que se prevé la incorporación de entes de la envergadura del INTA (especialmente en la regional Concordia que el año próximo cumple 100 años y fue baluarte a comienzos del siglo XX para el desarrollo del sector- la Universidad Nacional de Entre Ríos y el Polo Tecnológico de la Región de Salto Grande, constituyendo un reticulado tecnológico productivo que será clave para que el vino entrerriano pegue el salto de escala produciendo con calidad y diferenciándose con un sello provincial.
En el convenio se citan todos los aspectos sobre el cual se trabajará, y se brinda el detalle de las acciones a encarar en la caracterización aromática de los vinos de la región; la identificación y cuantificación de las diferentes familias de polifenoles en la uva y el vino; el aislamiento y selección de levaduras indígenas y la incorporación de software específico para la mejora de la trazabilidad, que se dispondrá a lo largo de toda la cadena productiva.
“Si bien parte de la tecnología podría encontrarse disponible en otras zonas, la demanda se orienta a la generación de tecnologías productivas que contemplen e incorporen los efectos de las características agroecológicas de la región como forma de diferenciación, valiéndose para esto de los conocimientos y experiencias agronómicas, biotecnológicas y enológicas que aporten los recursos humanos locales intervinientes y adquiriendo mediante capacitación e investigación y desarrollo todo el know how necesario para obtener un producto con identidad local íntimamente ligado al terroir o territorio, como estrategia de diferenciación, de calidad y agregado de valor que, en etapas posteriores, bien podría transformarse en una denominación de origen controlada (DOC)”, reza el documento convenido.
El proyecto busca reposicionar a Entre Ríos como provincia productora de vinos de alta calidad a partir de la modernización tecnológica del sector; defender la sustentabilidad ambiental y paisajística del cultivo de la vid y lograr su aprovechamiento eno-turístico y la cooperación con entidades técnicas de la región.
ASPIRACIONES
El sector vitivinícola entrerriano ha trabajado muy seriamente en los últimos años, y su nucleamiento en la Asociación de Vitivinicultores -productores de uvas (viti) y procesadores de vinos (vinicultores) ha permitido una visibilidad distinta y una mayor institucionalización, lo que redunda en más y nuevas inversiones y la estrategia de asociarse para producir vinos de calidad. Con este mensaje llegaron a interesar al Ejecutivo provincial que el año pasado apoyó a la entidad en su Plan estratégico y aporta fondos para que los cultivos cuenten con asesoramiento técnico y agronómico en cada establecimiento. Pero los productores van por más.
Según se pudo saber, la aspiración es que se institucionalice la actividad dentro de la orgánica del Gobierno y aspiran que en los próximos años se instituya un área específica dentro de Producción, así como lo tienen actividades productivas en desarrollo como el arándano, la cunicultura y otras producciones regionales.
AL MARGEN
Entre Ríos actualmente cuenta con 40 productores distribuidos en ocho departamentos. En este momento existen inversiones importantes en plantaciones de vid y algunos proyectos de bodegas, donde se destaca Vulliez Sermet, en Colón, que posee una línea de 11 variedades, champagne incluido, y que produce vino para otros cinco productores y aspira a llegar a 200 mil litros en 2014. Este jueves presentará en su cava tres líneas nuevas de su propia cosecha.
Fuente: Gustavo Sánchez Romero / El Diario
Envía tu comentario