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Opinión Actualidad

Las claves más urgentes de una política ganadera

Cuando me preguntan sobre el "plan ganadero" que presentó el Gobierno en el Consejo Federal Agropecuario contesto: es uno de los puntos importantes, pero su discusión es completamente técnica. Por Néstor Roulet, de CRA.
02/07/2006 00:00 hs

Podemos coincidir o no en si el por ciento de destete debe ser del 70 ó 75, si queremos obtener en dos años uno o dos millones de terneros, pero lo fundamental sería preguntarnos: ¿Para qué queremos más terneros? ¿Implantará pasturas un productor cuando se trata de un negocio en el que se pierde plata y, además, es inseguro, por más que se le de un crédito a tasa cero? ¿Hacia dónde vamos?

Y aquí entra a jugar la "política ganadera", en la que uno de los vértices es el "plan ganadero", pero las bases deben ser los objetivos y el desarrollo de las herramientas para lograrlos.

Para el Gobierno, el primer objetivo tal vez sea mantener el precio interno de la carne –cosa que compartimos– pero es necesario agregarle dos aspectos fundamentales para el productor, como son el tener rentabilidad en el negocio y certidumbre a través del tiempo.

En este esquema podemos emplear diferentes herramientas: sólo mirando los precios del consumo interno, interviniendo en la cadena y licuando hacia abajo, y será el productor –sobre todo el criador– el que sostendrá al sistema. O mirando los precios del consumo interno en base a la carne de bajo precio que nos pueden dejar las exportaciones, licuando hacia arriba y dejándole un precio rentable a la hacienda en pie.

Herramienta I

Carne barata para un mayor consumo interno. Recordemos que la calidad de vida de la gente no depende de si come más o menos carne, sino de tener un ingreso digno que le permita desarrollarse económica, cultural y socialmente. Si el objetivo del Gobierno es mantener bajos los precios de la carne en el mercado interno, de manera que el habitante de la Argentina pase de consumir 60 a 90 kilos de carne por año (cuadro 1), el resultado será completamente negativo, porque se basa en una realidad equivocada, cual es el subsidio de la carne al consumidor a través del precio de la hacienda; en definitiva, a través de la rentabilidad del productor.

El pago al productor de un bajo precio por la hacienda a efectos de cumplir con la premisa del bajo precio al consumidor traerá como consecuencia una menor producción de terneros –por más que se lo incentive con créditos– a lo largo de los años, y no alcanzará a cubrir la demanda en razón del mayor consumo, originándose un círculo vicioso que en algún momento va a explotar.

Como consecuencia indirecta, dejaremos de hacer un novillo pesado de 500 Kilos con destino a la exportación y se perderá la posibilidad de producir mucha carne; se aborta así la oportunidad de exportar y se deja de cumplir comercialmente con el mundo y de recibir divisas del exterior.

Herramienta II

Carne barata porque incentivamos las exportaciones. La propuesta consiste en aprovechar la exportación para que se compense el consumo interno a través de los cortes de alto valor que vendemos al exterior. De esta manera, el subsidio de la carne al consumidor se hace a través de otros consumidores del planeta que pagan mucho más caros ciertos cortes de nuestros novillos.

Esto implicará un mayor valor del novillo en pie, un mayor valor del ternero y, por lo tanto, rentabilidad del sector para que crezca a lo largo del tiempo.

Debemos tener en cuenta que un novillo de 500 kilos produce alrededor de 290 kilos de carne (cuadro 2).

Si cumplimos con las 28.000 toneladas de cuota Hilton y hacemos una combinación con venta de "no Hilton" (cuadro 3), estaríamos exportando 55,08 kilos de este novillo, por lo que el resto de la carne (235 kilos/animal) quedaría en el mercado interno (cuadro 4).

Es decir, exportamos 66.293 toneladas de carne a un promedio de 7,5 dólares por kilo, por lo que entran al país 510 millones de dólares y quedan 250.600 toneladas de carne.

La pregunta siguiente sería a qué precio quedaría la carne en el país. Para obtener la respuesta, calculamos el costo del novillo de exportación (cuadro 5), poniéndole un precio al novillo en pie de 2,50 pesos por kilo, valor base para que sea rentable para el productor.

Si a este costo le agregamos la ganancia y le vamos descontando los ingresos (cuadro 6), nos da el valor por kilo de las 250.600 toneladas que quedan en el país, que sería de 2,27 pesos.

Suponiendo sólo ventas al exterior "no Hilton", la carne que quedaría (cuadro 7) en el mercado interno valdría 3,13 pesos por kilo.

¿Qué sucedería si incentivamos más la exportación? Produciríamos más kilos de carne por pasar a hacer un novillo de 500 kilos en vez de 350 kilos que requiere cierto sector del consumo; dejaríamos más carne a un precio muy accesible en el mercado interno (3,13 pesos por kilo) e ingresarían importantes divisas al país (cuadro 8).

En un cálculo por el cual a los 1.066.666 novillos que necesitamos para la exportación Hilton le sumamos 1.500.000 novillos de exportación "no Hilton", quedarían 603.100 toneladas de carne en el país a un bajo precio y originaríamos divisas por 1.087 millones de dólares.

Si en vez de exportar 2.500.000 novillos exportamos 3.500.000 (cuadro 9), produciríamos 310.300 toneladas más de carne por incentivar la exportación, de las cuales 203.993 toneladas las exportaríamos, dejando un saldo positivo en el país de 106.307 toneladas.

Las 203.993 toneladas exportadas originarían 1.473 millones de dólares y quedarían 838.100 toneladas de carne a un precio de 3,13 pesos por kilo.

Conclusiones

El Gobierno tiene que tomar una decisión urgente en base a qué ganadería pretende. Tiene en sus manos la posibilidad de que ingresen divisas al país, cumplir comercialmente con el exterior y dejar un volumen importante a bajo costo en el mercado interno.

Hoy hay una disponibilidad de 800.000 novillos con más de 480 kilos que están gordos y listos para ser exportados y que al no tener salida los compran a un precio irrisorio.

El Gobierno tiene que decidir si el subsidio al consumo interno lo hace el productor ganadero del país, recibiendo un bajo precio (por ende, sin rentabilidad y sin posibilidades de producir viviendo en el interior) o si al subsidio lo hace un ciudadano holandés, alemán o español que quiere pagar por un bife argentino 20 euros.

Si es así, nos tenemos que preparar para exportar, porque cuando más exportamos, más carne producimos por diferencia de peso entre el novillo de exportación y consumo interno, más kilos de carne a bajos precios quedan en el país, más divisas generamos por exportaciones. Todo esto favorecerá la balanza comercial, ingrediente fundamental para la política macroeconómica del Gobierno, sin correr riesgos económicos ni inflacionarios.

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