La canasta escolar subió un 32% en febrero y la canasta de bebidas y alimentos se encareció un 2,6% en el mismo mes contra enero, según mediciones privadas. Los alquileres de verano treparon 20% frente a la temporada anterior, algunas oficinas se encarecieron un 70% y las cocheras del microcentro están un 20% más caras que hace dos meses.
Ninguno de estos porcentajes figura en las estadísticas oficiales. ¿Significa esto, acaso, que el engañoso IPC, que no contempla los aumentos de la medicina prepaga y mide artículos afectados por los acuerdos de precios, está ocultando una liberación de precios y dará pie a nuevos incrementos?
Analistas y consultoras reconocen una aceleración de la inflación en los primeros meses del año y están convencidos de que el aumento real llegará al 14 por ciento este año. Basta comparar algunos relevamientos privados con los oficiales para verificar la aceleración y escapar a la realidad que refleja el índice de precios, más allá de que no exista en el ámbito privado un indicador equivalente.
Según los últimos datos del Indec, el IPC avanzó 0,3% en febrero y en el mismo mes las canastas básica y de alimentos, que toman al índice para su formación, aumentaron 0,8% y 07%, respectivamente. Lejos de estos porcentajes, la medición de la canasta básica que realiza Adelco ubicó a la inflación en un 1,9% en febrero. La medición acumulada, desde la devaluación, llegó al 130 por ciento. La inflación que percibió la clase media alta, según el estudio de Ecolatina, fue de 2,8% en enero (contra el 1,1% del IPC) y de 1% en febrero.
En tanto, el relevamiento de la canasta de alimentos de Economía & Regiones arrojó una suba del 2,6% en el segundo mes del año, frente al 0,7% oficial. En la consultora destacaron el avance del IPC Subyacente, que abarca todos los rubros del índice que no presentan un comportamiento estacional ni están sujetos a regulaciones estatales. Este último, subió 0,7%, un 0,4% por encima de la inflación minorista total.
El flamante Indice Pro lanzado en febrero por el partido de Mauricio Macri, que mide una canasta de 52 productos de alimentos y artículos de limpieza, mostró un avance del 1,7% en febrero contra enero. Pero también hay otras mediciones del Indec que son consecuentes con la aceleración: por caso, la suba de precios de los supermercados, que alcanzó el 5,7% en 2006, trepó en enero al 2,1% y marcó la mayor alza desde noviembre de 2005; el alza interanual se aceleró hasta el 6,9 por ciento. Los precios en los shoppings, en tanto, se contuvieron en noviembre y diciembre en torno al 12% y en enero se aceleraron al 12,7%, nivel que no alcanzaban desde octubre de 2006.
"Es evidente que los precios se dispararon en los primeros meses, más allá de los acuerdos. Se ve en la facturación de los supermercados, que creció 27 por ciento. El Gobierno aflojó la presión y muchos fabricantes aprovecharon para trasladar sus aumentos de costos", explicó Fernando Suban, gerente general para la Argentina, Uruguay y Paraguay de la consultora ACNielsen. "Si se mira en detalle se ve que en temas de consumo masivo fue un factorde oferta y demanda y de recomposición por el aumento de la electricidad y los salarios. En el ámbito textil, la suba sí fue sólo de oferta y demanda. Cuando se amplía el espectro, todo lo que hace a mejora de calidad de vida como marcas premium, alimentos funcionales o electrodomésticos, las subas son más fuertes", agrega.
Subas en un año electoral
En este contexto, ¿que pasará con los precios mientras el Gobierno sigue con la lupa en el IPC y se prepara para las elecciones? Para algunos, la escasa credibilidad que recae sobre el índice oficial abrirá la puerta a nuevos aumentos que podrán quedar encubiertos. Jorge Todesca, director de Finsoport, señaló que "uno no tiene constancia a ciencia cierta de una liberación de precios, pero si el índice no refleja la realidad y encubre la situación, nadie se sentirá obligado a contenerse y es posible que ocurra esa liberación".
El economista Abel Viglione, que en la semana participó en una audiencia pública sobre la reforma del Indec, prefirió un pronóstico de manual. Según afirmó, "los precios que están fijos desde 2001 como los servicios públicos y el transporte se mantendrán estables. Los precios de productos estacionales, que varían con las temporadas, cargarán con esas variaciones y el público podrá optar por comprar otra cosa. El resto de los productos se acomodarán a la ecuación de oferta y demanda. Si hay mucha gente en la peluquería, los peluqueros subirán los precios; así de simple".
El grueso de los analistas coincide con Viglione y apunta los mayores incrementos para los próximos meses a los servicios personales, el turismo y los restaurantes.
"El Gobierno autoriza subas de hasta un 6% anual en los acuerdos y en otro plano están las subas de los bienes libres. Un productor de bebidas va a contener lo que le pide Moreno y va a aumentar los productos que queden afuera", afirmó Ricardo Delgado, de Ecolatina.
Con los condicionamientos, los analistas anticipan una inflación anual en torno al 10% y, si dejan a un lado los artículos que tienen el cerrojo oficial, auguran subas de hasta el 14 por ciento (para marzo, los pronósticos varían del 0,5 al 0,6 por ciento). En cualquiera de los casos, las estimaciones se ubican por encima del mínimo deseado por el Gobierno: 7,7 por ciento.
"Los consultores bajamos las expectativas al nueve o diez por ciento porque nos piden una estimación del IPC. Hace 60 días decíamos que el aumento iba a ser del 12 a 14 por ciento. Ahora lo cambiamos porque vemos que van a retocar el tema de los colegios en abril", afirmó Miguel Angel Broda, de Broda y Asociados. "Hoy no se sabe cuál es la inflación de bolsillo de la gente y es evidente que este gobierno no está dispuesto a bajar la tasa de inflación. Tiene una política expansiva y ni su política fiscal ni de ingresos se orientan a bajar los precios", añadió.
Hay pronósticos con porcentajes. En el ámbito de la vivienda, la consultora Reporte Inmobiliario anticipa aumentos del 25% en los contratos de alquileres por dos años, que no hayan sido actualizados en 2006. Los contratos de venta cargarán con subas más moderadas de alrededor del 10%. En la Cámara del Comercio Automotor, manejan aumentos de entre el cinco y 10% para los automóviles cero kilómetro. Y las proyecciones de AC Nielsen señalan subas de hasta el 6% para la canasta de alimentos.
"No vamos a ver cifras exageradas. Además, a partir de marzo, el Gobierno va a volver con todo con los controles de precios y eso va a contener el índice. La economía es el bastón de esta administración y en un año electoral no puede darse el lujo de cargar con ese tipo de reclamos", anticipó Suban.
En la consultora M&S también descartaron una disparada: "Si bien hay una demanda creciente, no hay una emisión espuria de dinero". Y dieron por sentado un endurecimiento del control de precios, al que también se alineó Viglione.
"Moreno va a seguir intentando controlar los precios porque va a querer minimizar la diferencia de la variación del IPC y lo que siente el consumidor", dijo el analista, que fue profesor del secretario de Comercio.
Indices alternativos
En una reciente declaración conjunta, cientos de economistas, académicos y profesionales dejaron constancia de que, con el IPC, "las familias toman decisiones de gasto y ahorro; las empresas deciden acerca de cuánto van a producir e invertir; se negocian múltiples contratos en diversos mercados y las propias autoridades gubernamentales eligen cursos de política". Si los datos oficiales no son creíbles, ¿qué estadísticas se pueden seguir? Ante esta pregunta, los analistas advierten: "Primero hay que reclamar un indicador oficial creíble".
"Más allá de que creo que la formación de precios no se relaciona con los problemas del Indec o el IPC, la cuestión central es hacer lo imposible por lograr un índice completo que refleje la verdadera inflación de la economía. No hay indicadores que sean comparables al IPC", enfatizó Roberto Frenkel. Según los consultados, se imponen llamados a concurso para renovar los cargos directivos y una revisión de los componentes de la canasta, que se mantiene fija desde 1996.
"Las instituciones internacionales dicen que al menos hay que cambiar la canasta cada diez años. La nuestra ya tiene un atraso. Basta pensar que hace diez años no había consumo de DVD por ejemplo", alertó Viglione.
Salvando los reclamos, Todesca afirmó que son varios los analistas e inversores que están mirando otros indicadores oficiales, que pueden dar una pauta de la inflación, pero que tienen sus defectos. Uno de ellos es deflactor del PBI, del cual se puede obtener el aumento de precios conjunto de todos los bienes y servicios que mide el PBI. Es una medida más amplia de inflación que el IPC. Se releva en forma trimestral y se conoce con un trimestre de retraso.
Juan José Llach, del IAE de la Universidad Austral, planteó la recaudación nominal del IVA. Según señaló, "la inflación real es mayor como puede verse en el aumento promedio del 38,4% anual de la recaudación nominal del IVA-DGI en los últimos cuatro meses". Las otras dos mediciones que cobran fuerza son los precios implícitos en supermercados y shoppings. El problema con estos indicadores es que no toman todos los meses la misma canasta, como hace el IPC.
En este contexto, algunos anticipan que el vacío estadístico se traducirá en la aparición de índices privados alternativos más completos. El estudio Broda & Asociados figura entre los que lanzarán un relevamiento alternativo. En realidad, será una suerte de relanzamiento, ya que la firma que preside Miguel Angel Broda rescatará la metodología y base de datos que utilizaba para hacer una medición en los 80.
"Recibimos muchas llamadas en las que nos preguntaban si seguíamos con el informe. Ahora estamos revisando la metodología y contactamos a los encuestadores de hace 20 años", destacó Broda, quien subrayó que la "mayor dificultad es conseguir una computadora lo suficientemente vieja que lea los discos de esa época".
Fuente: La Nación