La productora, radicada en Crespo, Capital Nacional de la Avicultura, contó que la mayoría de los establecimientos dedicados a la producción de huevos están a cargo de pequeños y medianos productores, que trabajan con una cantidad de gallinas ponedoras inferior a la de las industrias.
Remarcó que la avicultura genera trabajo de forma directa, en las granjas, e indirecta. Destacó que la cultura del trabajo es clave para sostener el desarrollo de la actividad, así como para preservar la historia de los primeros pioneros que la impulsaron.
Contó que su establecimiento cuenta con “unas 20.000 gallinas ponedoras y que, aunque nos consideramos pequeños productores frente a establecimientos de 100.000, 200.000 o incluso un millón de aves, las problemáticas son similares para todos”.
Agregó que “la producción requiere una atención permanente porque se trabaja con seres vivos: hay que garantizar alimentación, agua, iluminación, ventilación, temperatura y sanidad adecuadas”. Además, señaló que la genética avícola ha avanzado considerablemente, lo que permite contar con aves más resistentes y con mayor potencial productivo.
En este sentido, explicó que “una gallina comienza a poner alrededor de las 20 semanas y mantiene su máximo nivel de producción durante aproximadamente un año y dos meses, período en el que puede llegar a producir un huevo cada 17 horas”.
La productora destacó el fuerte crecimiento del consumo de huevos en Argentina y sostuvo que la producción actual “alcanza para abastecer el mercado interno, aunque existe un excedente que plantea un desafío para continuar expandiendo la actividad”. Por eso, considera que la principal salida es “desarrollar las exportaciones y reducir los impuestos que encarecen la producción argentina frente a otros países”.
En este punto, remarcó que “la avicultura genera una amplia cadena de valor que incluye productores, transportistas, talleres, metalmecánica, veterinaria, investigación, genética y elaboración de alimentos”. También destacó el papel del huevo industrializado, tanto líquido como en polvo, que “permite facilitar su conservación y utilización en industrias alimenticias”. Incluso mencionó nuevas alternativas para aprovechar los excedentes, como su incorporación en alimentos balanceados para perros y gatos.
Finalmente, Gallinger puso en valor el papel de la avicultura en el desarrollo económico y social de Crespo y en el arraigo de las familias rurales. Señaló que “cerca del 90 % de la actividad avícola tiene carácter familiar y que muchas explotaciones pasan de generación en generación, sosteniendo empleos y movimiento económico en toda la comunidad”.
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