El ex director de la Sociedad Rural Argentina y ex asesor del Ministerio de Economía de la Nación, Juan Francisco Ramos Mejía sostuvo que no es el primer planteo de eliminar la generalización del IVA (en verdad muchos están reclamando regresar el IVA a 18%), pero es muy interesante aporte al debate.
El precio de la carne vacuna tiene dos contextos, nacional e internacional. El hecho de que la formación de este precio sea un clásico problema de oferta y demanda no elimina la realidad de que estos dos contextos deban contemplarse en forma simultánea a fin de establecer una eficiente política pro-exportadora.
El contexto internacional
La demanda mundial de carnes vacunas ha venido creciendo sostenidamente. Sin embargo, los principales productores de carne vacuna han visto reducida su oferta.
Los Estados Unidos, que exportaban algo más de 1 millón de toneladas, hoy sólo exportan 300.000 toneladas, como consecuencia del cierre de gran cantidad de mercados debido al problema de la vaca loca. Brasil, el principal exportador mundial con 1,8 millones de toneladas, por su parte, tiene vedado el acceso a muchos mercados por la aparición de varios focos de aftosa.
Merece una mención especial el comportamiento de la Unión Europea, que en la década pasada era un exportador de más de 1 millón de toneladas y en 2003 fue un importador neto de 75.000, llegando a 375.000 en 2005.
El caso argentino es particularmente llamativo. Hasta 1971 era el primer exportador de carne vacuna del mundo, pero desde el momento de realizar esa medición fue sobrepasado por Australia y luego también por Brasil y por EEUU. Las existencias de vacunos están estancadas desde aquel entonces en algo más de 50 millones de cabezas.
Desde el lado de la demanda, otro factor que influye en el alza de los precios de la carne vacuna es el incremento generalizado de los commodities, como resultado de la creciente debilidad internacional del dólar y los temores relacionados con la fiebre aviar que llevan a sustituir la carne de pollo por otras carnes, incrementando así la demanda de carne vacuna.
El contexto local
Todo este efecto precio se ha potenciado en la Argentina como consecuencia de la devaluación en 2002 y su efecto sobre los salarios en relación a los productos transables internacionalmente. Asimismo, el impacto político es particularmente sensible teniendo en cuenta que la Argentina es el país que más carne por habitante consume en todo el mundo.
De allí el desesperado esfuerzo del Gobierno por mantener el precio de la carne vacuna bajo mediante retenciones a las exportaciones y luego a través de la prohibición lisa y llana de exportar.
Sin embargo, estas medidas están lejos de ser una solución adecuada al problema. Al reducir drásticamente el precio interno de la carne, se reducen también drásticamente los incentivos para producirla. Adicionalmente, la prohibición de exportar contribuye a cerrar los mercados externos cuya apertura tanto ha costado al país, lo que reduce sustancialmente el ingreso de divisas por exportaciones.
Por otra parte, no se tiene en cuenta que la prohibición de exportar golpea un sector pujante de nuestra economía con un altísimo empleo indirecto, especialmente en el interior del país (sin mencionar el efecto político en las negociaciones internacionales sobre restricciones y subsidios a la actividad agropecuaria).
Como es sabido, la incidencia de la inseguridad jurídica es enorme en el sector ganadero en razón del prolongado período de producción que requiere poner un bife a disposición del consumidor.
Desde esta perspectiva política, una solución técnica adecuada al problema debería incluir: a) un precio interno reducido en beneficio de los consumidores locales y b) una política pro-exportadora en beneficio de los productores y trabajadores directos e indirectos. Una parte importante del interior del país vive en función de la actividad agroganadera.
Una política pro- exportadora
Si se pretende mantener una política que promueva la exportación al mismo tiempo que defienda a los consumidores del mercado interno, hay dos temas que no podemos dejar de mencionar:
a) Política Sanitaria. El SENASA deberá actuar con el máximo rigor en los controles sanitarios a toda la industria sea esta destinada al consumo interno o a la exportación. No es posible que los controles sanitarios sean superiores para la exportación que para el consumo interno, pues esto genera grandes dudas sobre la seriedad de la Argentina en las misiones internacionales que controlan las habilitaciones de las plantas frigoríficas para la exportación a sus países.
El temor es que carne con menores controles sanitarios pueda filtrarse con destino a exportación.
b) Política Impositiva. El IVA generalizado en la década del 90 ha demostrado no cumplir con el objetivo de neutralidad propuesto. La cantidad de retenciones, pagos a cuenta, demoras en la devolución y falta de compensación adecuada que ha impuesto la AFIP para tratar de controlar la evasión ha generado como resultado no deseado una distorsión fenomenal en la cadena productiva tanto en las carnes como en todos los productos primarios que se exportan.
Ni en Perú , Brasil y Uruguay el IVA está generalizado como en la Argentina. Estos países tienen un sistema similar al que tenía nuestro país antes de la generalización puesta en marcha en la década pasada.
Es razonable que con el pago de IVA en el momento de la primera venta y el posterior reclamo a la AFIP de su devolución en caso de ser mercadería exportada, genere un serio control de la autoridad en el momento de la realización de la devolución, pero también es cierto que es muy grande la tentación de que algún integrante de la cadena comercial venda en negro la mercadería y retenga para si el importe del IVA
Fuente: El Comercial