En medio de los nervios y las expectativas del público, anoche se conocieron los ganadores de los concursos de Mercoláctea 2006. En el caso del dulce de leche, el ganador absoluto fue Ilolay, y el premio fue recogido por Alfredo Curiotti, presidente de la firma fabricante Williner, visiblemente emocionado porque ésta es la segunda vez que su producto es consagrado como el mejor del país.
En el concurso de quesos, después de un largo debate por lo reñido de la competencia, se llevaron las palmas el provolone de La Serenísima (ganador entre las industrias) y el queso de cabra de cuajada láctica Saint Julien, de Cabañas Piedras Blancas, en la categorías pymes, que también había ganado el oro en 2005.
Ayer fue una jornada particularmente movida porque a los certámenes se sumaron la elección de las campeonas Jersey y el campeón Holando, así como la presencia de dirigentes políticos y de empresarios.
El Tercer Concurso de Quesos fue el mayor atractivo del día y concentró la atención de los visitantes, que colmaron el Salón del Sabor de la muestra para seguir las alternativas del certamen, o bien mirar la transmisión en directo por Internet por medio de una pantalla instalada en el stand del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). La jura de los quesos demandó varias jornadas de capacitación en análisis sensorial para los jurados (previas a la muestra), seis horas de análisis de más de un centenar de muestras y el trabajo de 30 jurados, seleccionados entre empresas, instituciones y universidades nacionales.
Las firmas lecheras participaron con una salvedad: "Ningún representante de una firma prueba una muestra de su propia empresa", según manifestó Roberto Castañeda, director de INTI Lácteos.
Además, las juras de las cualidades referidas a la apariencia y al sabor se hicieron por separado y con muestras diferentes, "para evitar que la apariencia de un queso influya en el juicio sobre su sabor".
Castañeda no fue el único coordinador del certamen. Trabajaron con él los comisarios extranjeros Roland Perrin, José Galván Romo y Giulio Emaldi, vistos como estrellas a los ojos de los productores y técnicos en alimentos asistentes, que se les acercaron continuamente durante la jura para hacer preguntas o sacarse fotos junto a ellos.
Fuente: La Nación