Si bien para este día el análisis se suele enfocar en la necesidad de conservar el principal factor de producción de la agricultura el suelo, hay otros factores que influyen en el mantenimiento del soporte productivo.
El extraordinario avance generado por la tecnología en el sector agrícola ha permitido que, campaña tras campaña, se superen los récords de producción de granos y oleaginosas; como producto de la expansión de la soja y el aumento de los rendimientos de los distintos cultivos. En los últimos 50 años el área agrícola creció un 50 por ciento y la producción un 400 por ciento.
Según Horacio Sarlangue, del Inta Balcarce, el balance de nutrientes juega un papel protagónico en la fertilidad de los suelos.
"Si bien numerosos trabajos mencionan que la Argentina ha incrementado el uso de fertilizantes en los últimos 15 años, pasó de un consumo aparente de unas 300 mil toneladas en 1991 a más de 2,5 millones de toneladas en 2005, los balances de nutrientes en el suelo siguen siendo negativos", sostiene el técnico.
De acuerdo con sus evaluaciones se está extrayendo en los granos mucho más nutrientes de lo que se repone como fertilizante. En la campaña 2004/05 de los cuatro principales cultivos (soja, trigo, girasol y maíz) se repuso a través de la incorporación de fertilizantes el 28 del nitrógeno (N), el 42 por ciento del fósforo (P), menos del dos por ciento del potasio (K) y el 13 por ciento del azufre (S) extraídos en los granos, según los datos de Sarlangue.
"Esta especie de ‘subsidio’ que la riqueza natural de nuestros suelos otorga al usuario de la tierra y al Estado no es otra cosa que una pérdida paulatina del capital suelo.
Estos desbalances nutricionales muestran a la soja como el ‘principal responsable’ de esa situación, dado que se estima que, mientras el maíz y el trigo reciben aportes de nutrientes que le permiten cubrir más del 85 por ciento de las extracciones, sólo recibe aportes que cubren entre el 30 y 32 por ciento de las dosis necesarias para reponer las extracciones de N, P y S en granos", precisa el técnico.
Por qué se fertiliza menos
De acuerdo con su diagnóstico, las razones esgrimidas por los productores para no fertilizar son diversas: la práctica no es rentable, los resultados no son consistentes, demora la siembra, creen que la soja a través de la fijación simbiótica de nitrógeno cubre sus necesidades, entre otras.
Sin embargo, el suelo es una estructura viva que necesita ser alimentada en forma correcta.
"A nivel de investigación y experimentación se ha avanzado mucho, lo que permite contar con una importante cantidad de trabajos acerca del manejo de la fertilización para el cultivo de soja. El desafío es aplicar los conocimientos para mejorar los balances nutricionales de los suelos y así modificar esa imagen de ‘culpable nacional’ del deterioro ambiental", remarcó el especialista del Inta.
Fuente: La Voz del Interior