Así lo confirmó la presidenta de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (Apama), Graciela Taylor, a la Agencia de Informaciones Mercosur.
Taylor explicó, sobre la caída en la cosecha, “que hubo mucha pérdida de fruta en kilos, que quedaba en el suelo, justamente por el tema climático, que trajo gran cantidad de lluvia, viento y granizo reiterado”.
Y agregó: “a partir de esto, se generó un problema de calidad porque durante el tiempo en que la fruta no podía ser cosechada, en algunos casos según las variedades, se sobre-maduraba lo que provocó bastante complicación e hizo que el volumen final no fuera el esperado”.
Del total de la producción, la titular de Apama comentó que “el 98 por ciento de lo cosechado se vende al exterior, básicamente a Estados Unidos, ya que el mercado europeo este año estuvo muy complicado y se exportó en menor cantidad”.
Para el año próximo, Taylor estimó que “hay una buena cantidad de hectáreas que no se van a seguir cosechando” y que habrá “una apuesta para comenzar a trabajar con estándares de calidad y conseguir mejoras en la comercialización”.
La dirigente señaló, con respecto al mercado internacional, que “sabemos que debemos trabajar mucho en lo que significa calidad, con un sello de distinción, y conseguir mejoras en la comercialización para que podamos tener un retorno mínimo que sea lo que haga sustentable a la actividad”.
Taylor indicó que la principal dificultad se presenta cuando los arándanos llegan a destino, porque “nosotros no hacemos una venta sino que es una consignación, con lo cual somos responsables hasta el momento en que la fruta se vende en góndola, lo cual es un problema porque nosotros sabemos cómo entregamos la fruta, pero desconocemos cómo llega”.
El Enfiteuta
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