En el segundo módulo de Mundo SOJA MAIZ 2010 se expuso sobre Mejores prácticas de manejo de los nutrientes: Fertilización + Inoculación. Bases para el manejo estratégico de la fertilización en maíz y soja. Señales y determinantes en la interacción Rhizobium-Leguminosa. Inoculación de soja y maíz: una tecnología que suma.
El responsable del módulo fue el doctor Fernando García (IPNI) y los expositores fueron el doctor Fernando Salvagiotti (INTA Oliveros), la doctora María Caridad Nápoles García (INCA, Cuba) y el ingeniero agrónomo Alejandro Perticari (INTA, Proyecto INOCULAR).
Fernando García apuntó a la dinámica de los nutrientes como base para el diseño de las mejores prácticas de manejo de la fertilización en los sistemas de producción. Y, teniendo en cuenta el impacto ambiental, económico y social, señaló “cuatro cuestiones básicas para lograr productividad, rentabilidad y durabilidad: dosis, formas, momentos y fuentes”.
García también ventiló datos que llamaron la atención, como que en Argentina no es una práctica usual hacer “análisis de suelo, un elemento básico para saber cómo, cuándo y con qué fertilizar”. Expuso que “en el país se hace, en promedio, un análisis cada 249 hectáreas, cuando por ejemplo en Brasil, se hace cada 32 hectáreas”. En Argentina, “hacen falta más análisis de suelo, porque ayudan a ser eficientes agronómica, económica y ambientalmente”, destacó.
Luego puntualizó sobre tres fertilizantes: fósforo, nitrógeno y azufre.
Sobre el primero explicó cuándo era conveniente aplicarlo, siempre con visión de mediano y largo plazo para tener probabilidades de respuesta y beneficio económico. Sobre su aplicación detalló dos opciones: “en bandas al momento de la siembra o al voleo 60 días antes de sembrar”.
En cuanto al nitrógeno, aseguró que “no puede faltar en el momento que se está definiendo el rinde de la planta y que por ello no se podía fallar en su aplicación. La precisión en este caso es fundamental”.
Sobre el azufre, García apuntó que tiene “una dinámica muy ligada a la del nitrógeno, con una mirada más a largo plazo, pero que en general en el país tenemos suelos con deficiencias moderadas de azufre”.
Entre sus conclusiones, el responsable técnico del segundo módulo recomendó incrementar la acumulación de nutrientes en el sistema suelo-planta; reducir pérdidas, manejo óptimo y uso racional de nutrientes, desarrollar estrategias de manejo con relación a la movilidad de los nutrientes e intensificar la producción de granos basándose en principios científicos.
Una visita especial significó sin dudas la de la doctora María Caridad Nápoles García, del Instituto Nacional de Ciencias Agrarias, de La Habana, Cuba, que disertó sobre “Señales y determinantes en la interacción rhizobium-leguminosa”.
En su presentación destacó que “la mejora de la simbiosis se obtendrá cuando se tengan en cuenta todos los factores que influyen en este proceso. Se hace necesario conocer la biología del microorganismo, activar sus mejores respuestas fisiológicas, conocer las leguminosas a nivel básico, y elucidar los componentes genéticos de la planta que determinan la interacción. Así como eliminar cualquier factor abiótico que pueda constituir un estrés para cualquiera de los organismos que participan”.
Luego remarcó que “entramos a la era biotecnológica conociendo cada vez más sobre las leguminosas a nivel genético, pero sólo pocas veces logramos traducir esta información en productividad”. Y al final, ya cuando el público participaba con preguntas, despachó una frase que le dio aún más sustento a esa idea: “una cosa es el laboratorio y otra el campo”.
En tanto, el ingeniero Alejandro Perticari ahondó en detalles sobre la inoculación en soja y maíz, destacando que “es una tecnología que suma”.
En ese marco, tras describir de qué se trataba un inoculante y los beneficios que ofrecía, el especialista brindó una serie de consejos:
- Utilizar inoculantes de calidad es fundamental para que su aplicación genere los resultados esperados. En este sentido, es imprescindible leer y respetar las condiciones de uso descriptas en el producto inoculante adquirido.
- No mezclar los inoculantes con agua corriente, con cloro o con agua con alto contenido de arsénico. Tampoco mezclar el inoculante con agroquímicos (fungicidas, insecticidas, fertilizantes) sin consultar previamente al fabricante.
- En cuanto a la aplicación, el proceso de inoculación debe realizarse a la sombra y a temperaturas moderadas, en lo posible inferiores a 25 º C.
- Al mismo tiempo, la inoculación se debe realizar empleando máquinas inoculadoras que realicen una dosificación homogénea y un correcto mezclado sin dañar las semillas. Se debe lograr que todas las semillas dispongan del número de rizobios adecuado para una efectiva nodulación.
- Una vez realizada la inoculación, se recomienda sembrar lo antes posible bajo condiciones agronómicamente favorables para la rápida implantación del cultivo.
Por último destacó que “la inoculación en soja es una tecnología instalada que valoriza la condición productiva. Es indispensable para alcanzar y sostener altos rendimientos y para llevar al máximo el aporte biológico de nitrógeno. Se debe enfatizar sobre las buenas prácticas de manejo del uso y del manejo de los inoculantes en todos los sectores involucrados para aprovechar las ventajas de este insumo biológico”.
Con respecto al maíz destacó que de acuerdo a los resultados observados “el empleo de microorganismos promotores del crecimiento vegetal adquiere relevancia y tiene amplias posibilidades de insertarse en el sistema de producción actual y futura, mejorando la respuesta productiva al empleo de tecnologías aplicables en cada ambiente”.
Fuente: Prensa SEMA. Mauricio Bártoli
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