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Habrá que acostumbrarse a 300 quintales de maíz o 100 de soja por hectárea

En algún tiempo, la biotecnología permitirá incrementar los rindes de los granos a niveles asombrosos. La falta de tierras impulsa las investigaciones de los principales semilleros.
21/02/2008 01:00 hs

El Ing. Agr. Juan José Cobolo es gerente de servicios técnicos de Nidera, y una opinión de peso en el sector agrícola argentino. Con una vasta experiencia en el desarrollo y seguimiento de nuevos materiales, estuvo presente en el Campo Líder del semillero Nidera, en el departamento Victoria, esta semana, donde se mostraron los resultados de los ensayos de las variedades de maíces y sojas, las que se verán en la próxima campaña.

Campo en Acción dialogó con el especialista sobre un tema que hoy se cuela en todos los foros, debates o encuentros en los que se habla del presente y el futuro de un mundo que demanda más alimentos, y también combustibles no tradicionales.

"El desafío numero uno son los rendimientos de los cultivos" respondió.

"Hace mucho tiempo, más de una década, que nos fijamos ese objetivo. No solo en maíz, también en soja y en trigo. Con el germoplasma de trigo generamos una revolución, trayendo líneas europeas" recordó Cobolo, en una recorrida cronológica sobre la evolución en Argentina de las semillas.

"En los ‘90 sembramos maíces híbridos, y se pasó de rindes de 3.800 kilos promedio a más de 8.000 en la campaña pasada" apuntó.

Hoy, las grandes compañías investigan materiales que tengan resistencia a la sequía y los golpes de calor. Superar el estrés hídrico, que periódicamente se instala en el escenario agrícola, es el reto que viene, el que permitirá, casi con seguridad, rebasar una nueva frontera del asombroso desarrollo biotecnológico.

Hay que acostumbrarse

"En un tiempo no muy lejano, nos vamos a acostumbrar a maíces de 300 quintales, sojas de 100 quintales" auguró el agrónomo.

El mundo necesita alimentos, eso nadie lo duda. Pero también combustibles, y los granos comienzan a reemplazar a los combustibles fósiles. Y los vegetales comienzan a tener un rol trascendentes

"En 10, 15 años duplicamos los rindes. Y esto hay que seguirlo. Hay que tener en cuenta la moda de los biocombustibles, por lo que los cultivos deben abastecer las dos demandas" sostiene Cobolo.

El profesional recuerda que "ya no se puede crecer más en forma horizontal, no hay más espacio. Brasil podría crecer 20 millones de hectáreas, Argentina en 5, y pare de contar".

En Europa y los Estados Unidos los márgenes para el desarrollo de la agricultura se agotaron (o limitaron) hace tiempo.

"Lo único que queda es aumentar los rendimientos. Por suerte está la biotecnología. Con el agregado de ciertos genes podemos aumentar la calidad de los alimentos, y cuando tengamos el gen de resistencia a la sequía, vamos a asegurarnos un piso de rinde con muy poco agua".

"El panorama y el desafío es muy interesante y creo que a más de uno nos va a sorprender"

Lo que mostró Nidera

Ante un grupo nutrido de productores, Nidera presentó las últimas líneas en maíces y sojas que entran en etapa de comercialización.

Distribuidos en cinco módulos, se vieron los resultados de los nuevos híbridos, producto de largos años de investigación.

En el lote ubicado sobre la ruta 11, se observaron 32 variedades de soja, desde Grupo 3 hasta 3 largo, con 15 materiales nuevos, en los que se pudo ver el comportamiento de cada uno de ellos.

Por el lado de los maíces, en el segundo módulo hubo 18 materiales sembrados "acordes para la región", según se explicó. Nidera aprovechó también para exponer los 4 nuevos híbridos con que sale al mercado.

En el módulo 3, la empresa BASF realizó una demostración de tolerancia a herbicidas clearfield.

También se observaron parcelas de soja con ensayos de fungicidas, en el módulo número 4, en tanto que en el 5 y último se presentó un lote de fertilización en soja.

"Pasan siete años para que un material salga al mercado, como mínimo" aseguró Juan José Cobolo.

Es el tiempo –unos tres años- hasta que se seleccionan las líneas, con ensayos de investigación de microparcelas, donde se ve si hay algún factor indeseado.

"Luego entramos nosotros, desde el servicio técnico, que evaluamos en macroparcelas durante otros tres años, con materiales testigos de otras compañías".

Luego de todas las evaluaciones, de 4 o 5 mil cruzamientos, y si no aparece ninguna tara recién será el tiempo de salir al escenario mayor, el campo argentino.

Miguel Ruberto – Campo en Acción

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