Especialistas del INTA demuestran que la incorporación de pasturas perennes mejora el almacenamiento de carbono orgánico en el suelo. Resultados preliminares destacan el aporte de las raíces de la alfalfa a la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas productivos en ambientes con limitaciones hídricas.
Juan Cruz Colazo destacó que los sistemas productivos tienen la capacidad de contrarrestar sus emisiones removiendo el dióxido de carbono de la atmósfera para secuestrarlo de forma estable en el perfil terrestre.
De acuerdo con el investigador, las evaluaciones técnicas realizadas en suelos arenosos de la zona de Villa Mercedes señalan a la alfalfa como una herramienta fundamental en este proceso.
“Tras varios ciclos de medición, los sistemas que incluyen estas pasturas perennes acumulan un 25 % más de carbono orgánico en el suelo comparado con planteos de agricultura continua”, indicó Colazo y agregó: “Esto se debería a la mayor contribución de sus raíces, tanto en profundidad como en el tiempo”.
Asimismo, María Laura Guzmán, investigadora del INTA San Luis, indicó que las mediciones de óxido nitroso se mantuvieron bajas y sin diferencias significativas entre tratamientos, debido a que las condiciones secas de la región limitan los procesos microbianos responsables de liberar dicho gas.
“La integración de la alfalfa bajo los principios de la agricultura climáticamente inteligente permite transformar los sistemas productivos semiáridos en sumideros de carbono, logrando una mayor resiliencia ante la variabilidad ambiental y garantizando la conservación del recurso suelo a largo plazo”, ponderó Colazo.
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