Por el alto contenido de aceite en su grano (40-44%), la colza se usa principalmente en la actualidad para la obtención de aceite comestible (Campo en Acción, 2007). El aceite de colza es el tercero en importancia a nivel mundial, después de los de palma y soja.
En los últimos años también se ha difundido su uso como biocombustible. En la actualidad la Unión Europea consume 2 millones de toneladas de aceite de colza con destino a la producción de biodiesel Las proyecciones muestran que en 5 años más esta cifra trepará a 7 millones y en 10 años será de 12 millones (4to Congreso Argentino de Girasol, 2007).
La Unión Europea reemplazará en el 2010 el 5,75% de su consumo de gasoil por biodiesel. Sus normas técnicas impiden que se utilice para su fabricación la soja como materia prima (Albanese, 2007).
En Argentina, la colza se conoce desde la década del ´30 y en el año 1992 se llegó a una superficie de producción superior a las 51.000 hectáreas. Problemas relacionados con la comercialización y la producción hicieron que esta superficie disminuyera.
Sin embargo, en las últimas campañas la producción de colza creció (SAGPyA, 2007). En 2002/03 el área cultivada era de 7.700 ha y la producción de 10.450 toneladas. En la última campaña, la superficie sembrada fue de 16.760 ha, la producción ascendió a 26.050 toneladas con un rendimiento promedio de 1.573 kg/ha.
Analizando el período entre las campañas 2002/3 y 2007/8, el crecimiento de la superficie superó el 100% y la producción el 160%, lo que indica el crecimiento sostenido del área cultivada así como también la mejora en la productividad por un mayor conocimiento y ajuste de la tecnología utilizada.
En Argentina, un 82% de la colza se cultiva en Buenos Aires, 14% en La Pampa, 2,6% en Santa Fe y 1,4% en el resto del país (Iriarte, 2005). En Entre Ríos, durante la campaña 2007/8 se sembraron entre 600 y 2.000 ha según distintas fuentes (BCER, 2008; Pozzolo, Com. personal).
En cuanto a los rendimientos, aunque se cuenta con distintos datos, los valores promedios máximos citados por la bibliografía para Argentina son de 1.940 kg/ha (Valleti, 1996, citado por Pozzolo et al., 2006). En la Estación Experimental Agropecuaria Paraná del INTA durante el año 2006 se realizó un ensayo con diversas variedades que actualmente se encuentran en el mercado, obteniéndose un rendimiento promedio de 1.670 kg/ha (Peltzer y Firpo, 2007).
En la actualidad se ha despertado un fuerte interés por este cultivo. Las expectativas para la nueva campaña 2008/09 son de crecimiento del área sembrada, tanto a nivel nacional como en Entre Ríos. Diversas fuentes coinciden en que el área nacional se duplicará en la próxima campaña. De la misma manera, en Entre Ríos se estima un crecimiento similar al nacional, con muestras de interés por parte de productores, tanto en la zona agrícola de la costa oeste (Paraná, Diamante y Victoria) como de la este (Uruguay y Gualeguaychú).
La colza ha despertado interés debido a dos razones principales: por un lado a las buenas perspectivas de precios y por otro a que se presenta como una alternativa de cultivo de invierno con cosecha temprana (se inserta bien en los planteos de rotación, permite una liberación anticipada del lote siendo un buen antecesor de soja de segunda, maíz o sorgo), y especialmente frente a las dificultades encontradas para la venta del trigo y los problemas de producción y comercialización del lino. En el ciclo anterior la cotización de la colza comenzó con una base de 220 u$s/t y llegó a la cosecha con 400 u$s/t, con un promedio de precio de venta de 370 u$s/t.
La demanda en el corto y mediano plazo se muestra sostenida, impulsada básicamente por la disminución de la producción de China e India y por la demanda creciente de este cultivo para uso como biocombustible y aceite para consumo humano (Giménez, 2008).
Las principales limitantes de la colza están referidas a dos aspectos, por un lado, por ser un cultivo que se conoce poco requiere ajustar sus prácticas de manejo a la zona (siembra, fertilización, control de malezas, momento de cosecha) para llegar a las expectativas de rendimiento y de calidad que permitan obtener un ingreso según lo esperado. Por otro lado, la cosecha en si misma (tendencia a la dehiscencia, maduración despareja, hacen necesario el hilerado), el transporte (grano pequeño y escurridizo) y la comercialización, son aspectos a cuidar.
En los últimos años se está asegurando la compra de la producción como contrapartida de seguir el cultivo de acuerdo a pautas de manejo internacionales que permiten darle trazabilidad (Brasesco, Com personal; Andrada, Com. personal). A través de esta "agricultura por contrato", se da mayor certeza de compra y pautas claras de precios, y se asegura que el productor obtenga rendimiento y calidad, componentes que influyen en el resultado económico final. Al mismo tiempo los compradores primarios se están asegurando volumen y calidad, los que están relacionados con el cumplimiento de compromisos con terceros, del país o del extranjero. A través de formas contractuales que coordinan los distintos eslabones de la cadena productiva, como la mencionada, se da sustentabilidad a la actividad en el largo plazo, requisito fundamental para su desarrollo comercial y productivo.
Se adjunta archivo: La colza en los sistemas agrícolas de ER