Sin embargo, no se descarta que la cifra final sea aún mayor si se tiene en cuenta que algunos relevamientos privados consignan un promedio de productividad superior a los números oficiales, que hablan de 27 a 28 quintales por hectárea. Por caso, la Bolsa de Cereales porteña acusó un rinde de 32 quintales.
De todos modos, la primera estimación está 30 por ciento por encima del anterior récord en la campaña 2001/2002, cuando la producción triguera fue de 2,23 millones de toneladas. Y si se la compara con el ciclo pasado, el salto es más que significativo.
Si bien la superficie sembrada fue 25 por ciento mayor (se pasó de 830 mil a 1.041.000 hectáreas), hay, por lo menos, 1,8 millón de toneladas de diferencia, es decir, un aumento de casi 160 por ciento.
En la planilla de resultados, el primer dato que sobresale es el excepcional salto en la productividad, con un promedio que sería de 27 a 28 quintales por hectárea.
De todos modos, la franja fue de 20 a 45 quintales en toda la provincia, con picos de hasta 90 quintales en algunos planteos bajo riego. En el sur de Córdoba se dieron los mayores volúmenes. Por ejemplo, el Inta Laboulaye consigna que en su zona de influencia los rindes promediarán entre 38 y 40 quintales.
"La humedad al momento de la siembra y las lluvias en setiembre fueron determinantes", aseguró el flamante secretario de Agricultura, Héctor Fontán. Todos coinciden en que el factor climático fue fundamental, ya que las lluvias aparecieron en tiempo y forma para luego dar pie a una etapa de radiación solar más que favorable.
"También incidió el uso de fertilizantes, la toma de decisión acertada para implantar ciertos variedades de ciclos intermedios y los paquetes tecnológicos en general", apuntó Sergio Della Ceca, gerente apoderado de la filial Marcos Juárez de Agricultores Federados Argentinos (AFA).
Para esa delegación, el mejor síntoma de la producción excepcional fue haber duplicado el volumen de acopio del cereal, que llegó a 30 mil toneladas en los silos. En esa zona, junto a los departamentos del centro-sur de Santa Fe y oeste de Entre Ríos, se habla de rindes promedio que irían de 35 a 40 quintales.
Pálpitos. A medida que avanzó la cosecha quedan muy pocos lotes por trillar, los rindes y la calidad de los granos ya permitían palpitar el récord. Incluso, el informe de la semana pasada de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires advertía que "luego del récord obtenido por Córdoba y Santa Fe, el conjunto nacional proyecta un rendimiento nueve a 10 por ciento por encima de los 26,20 quintales por hectárea a fines de la campaña pasada".
Además del contexto generalizado, en Córdoba hubo casos emblemáticos en áreas que no forman parte de la denominada zona núcleo para el cereal. En General Cabrera, por ejemplo, Daniel Cavigliasso, de la firma Maniagro SA, repitió la buena performance del ciclo anterior y tocó picos de 90 quintales por hectárea bajo riego (ver página 3).
Otra experiencia destacada fue la del establecimiento El Matrero, ubicado al sur de Río Cuarto, donde Federico Cola, integrante del Crea Carnerillo, logró picos de 75 a 78 quintales por hectárea con riego, con un promedio de 7.000 kilos, mientras que en secano la productividad fue de 42 a 55 quintales por hectárea.
Con buen desarrollo radicular y macollaje, los lotes con riego suplementario recibieron 170 milímetros de agua en la etapa reproductiva y capturaron 15 milímetros por las nevadas.
En la zona de Oliva, el aumento de la productividad en secano fue de 160 por ciento. Iván Lubatti comentó que de un promedio de 1.300 a 1.500 kilos se pasó a un franja de 2.800 a 4.500 kilos por hectárea. "El rendimiento obtenido en nuestro campo ha sido uno de los más altos desde que sembramos trigo", aseguró el productor.
Fuente: Daniel Alonso - La Voz del Interior