Para el diputado el oficialismo sigue sin brújula, y la oposición debería consensuar un norte.
Son casi veintisiete los años transcurridos en una democracia que tiene una deuda con el interior profundo de nuestro país. En democracia, en la década del noventa, cuando el campo no era rentable merced a la convertibilidad, desaparecieron cien mil pequeños y medianos productores.
Fue también en democracia, desde el 2002 hasta estos días, es decir, con rentabilidad, cuando 60 mil productores más dejaron de trabajar la tierra. Sus explotaciones fueron a parar a manos de grupos concentrados y contratistas que con su escala pudieron sobrevivir al modelo. En los noventa fue con arriendos bajos, commodities por el piso y dólar barato; ahora, con precios de granos en alza, arrendamientos sin ningún control e insumos prohibitivos para quienes no llegan a una mínima escala de explotación.
Hoy ya el 4% de los productores manejan el 60% del mercado de soja. La concentración no es únicamente inherente a la producción de granos. La producción de leche viene desarrollando un proceso de concentración similar: Los litros de leche producidos siguen en aumento, pero la caída en la cantidad de explotaciones no se detiene desde hace cuatro décadas. También la producción de carne, atravesada por la coyuntura que sumó las malas políticas a la sequía, sufre hoy el mismo proceso. Y hasta las economías regionales van quedando, año a año, cada vez en menos manos.
Es que la producción agropecuaria, a diferencia de otras actividades, está atada a factores climáticos y biológicos; tiene un ritmo propio y una sensibilidad particular a las alteraciones económicas coyunturales. Un horizonte confuso implica una notable baja en la confianza del productor, y el resultado es menos granos, menos carne y menos leche que se escapan de las manos productivas de los pequeños y medianos productores mientras son desplazados por los grupos concentrados en sus diversas formas.
El diagnóstico realizado tiene un hilo conductor que no es otro que la falta de políticas agropecuarias a mediano y largo plazo. El camino para revertir lo descripto, es realizar planes de al menos cinco años de horizonte, y hacerlos además con la participación de todos los actores involucrados en la producción agropecuaria si no queremos un nuevo fracaso en el sector.
Mientras tanto, la producción sigue sin rumbo, con políticas coyunturales, espasmódicas e inconsultas, que quedaron evidenciadas en la última visita del Ministro de Agricultura Julián Domínguez, a la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados, donde se esforzó por explicar un plan agropecuario que no tiene.
Podríamos seguir el resto del año en este juego de dar informes y hacer preguntas desde la oposición, buscando avergonzar al ministro de turno. Mientras tanto el tiempo pasa y los establecimientos siguen cerrando sus puertas y el éxodo de los productores no se detiene. Los propietarios de los establecimientos bajan los brazos y alquilan o venden sus campos y lo que es peor aún, la poca gente con “oficio de campo”, que conoce el tractor y sabe cuidarlo, que conoce la ceremonia del tambo, que sabe cada nombre de sus lecheras o que siguen el proceso de cría o de engorde de la hacienda que tienen a cargo, van yéndose a la ciudad o al pueblo a emplearse de cualquier otra cosa o a engrosar la lista de los desocupados o subempleados del país. No es un secreto para nadie que el interior es rico en economías regionales y que los pueblos progresan al ritmo del campo, cuando los productores dejan sus lugares de origen se rompe el tejido social que cohesiona esas comunidades.
Estamos convencidos de que el problema del campo, como muchos otros en el país, tiene que ver con decidir qué país queremos, qué modelo agroindustrial y tomar la decisión política de definir con quienes queremos llevarlo adelante. Ni el campo, ni el gobierno, ni la oposición han podido contestar esta pregunta fundamental que es el primer paso para avanzar en un Plan Nacional Agropecuario, discutido en el Consejo Federal Agropecuario ampliado. El Congreso no puede dar todas las respuestas, pero sí tiene la responsabilidad de dar el primer paso tratando los proyectos estructurales para el sector.
Es tiempo de decidir hacia dónde apunta nuestra brújula y actuar en consecuencia. Miles de establecimientos agropecuarios, motor de la economía los últimos años, esperan respuesta.
* Lisandro Viale es Ingeniero Agrónomo. Diputado de la Nación por Entre Ríos (Partido Socialista). Vicepresidente de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados. Vicepresidente del Bloque Socialista de Diputados Nacionales.
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