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Los cultivos enfrentan problemas con el almacenaje de agua

La compactación de los suelos en vez de absorber el excedente de lluvias lo expulsa porque se ha perdido la capacidad natural de infiltración. Lo advierten desde el Instituto del Clima y Suelo del INTA y de la Facultad de Agronomía de Rosario.
24/12/2007 00:00 hs

El agua almacenada en los suelos argentinos no es suficiente para hacer frente a los períodos de sequía del verano previstos, que amenazan el desarrollo de unas 30 millones de hectáreas agrícolas, las cuales dependen del clima y de la cantidad de lluvia caída.

Así lo advirtieron especialistas del Instituto del Clima y Suelo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), entre otros, consultados por la agencia Noticias Argentinas.

Los técnicos coinciden en que esta situación es consecuencia de la existencia de un nuevo régimen dispar de precipitaciones y la compactación de los suelos, en el estrato cercano a la superficie, que en vez de absorber el excedente de lluvias lo expulsa porque se ha perdido la capacidad natural de infiltración.

"En los últimos veinte años se triplicó la cantidad de oportunidades en que la lluvia caída supera los 100 milímetros en 48 horas cuando la frecuencia anterior estaba entre 20 y 30 milímetros, con más absorción. Al cambiar el régimen de lluvias por mayor cantidad, no existe capacidad de receptar tanta agua", explicó a NA Sergio Montico, profesor asociado de la cátedra de Manejo de la Tierra de la UNR y autor de libros sobre la temática.

En algunos casos, el agua que sólo dispone del suelo para almacenarse comienza a discurrir por las pendientes naturales del terreno, se lleva el humus, la materia orgánica y la fertilidad; profundiza las cárcavas y hasta puede favorecer inundaciones en campos y ciudades, analizan los técnicos consultados.

Claudio Prieto, ingeniero agrónomo sostiene que "con el cambio climático, ahora llueve mucho, intensamente, en un momento, y esto no es suficiente para el agro".

El profesional santafesino llegó a la conclusión de que en la actualidad "las precipitaciones se concentran en algunos períodos del año", luego de comparar los registros pluviométricos de tres décadas en la zona rural de la localidad de Cepeda.

En el país se encuentra bajo riego sólo un millón y medio de hectáreas; mientras que las restantes casi 30 millones de hectáreas se cultiva con la modalidad de secano —con el agua de lluvia y con la capacidad de retención capilar de humedad—, confirmó a NA un técnico en agroecología de la Secretaría de Agricultura de la Nación.

Si bien Argentina es uno de los países de mayor disponibilidad de agua dulce en el mundo, es imposible almacenarla para el agro ya que por cada centímetro de agua de lluvia caída, en promedio sólo se alberga en el perfil del suelo un milímetro en el estrato más superficial, y el resto se pierde.

La situación del cultivo de trigo sirve como ejemplo: necesita para desarrollarse de manera óptima alrededor de 400 milímetros de lluvia por año, unos dos millones de litros por hectárea, pero con el actual régimen, el cultivo puede recibir 400 milímetros en tan solo ocho días, y en el momento en que menos lo necesita.

¿Cómo retener esos dos millones de litros por hectárea?, se plantean los analistas al estudiar las consecuencias del cambio del régimen de lluvias y la pérdida de porosidad de los suelos.

"Con nuestra producción clima-dependiente, estamos en una situación de alta vulnerabilidad que nos obliga a preguntarnos qué suelos vamos a tener", señaló Montico.

"No hay que confundir suelo duro con uno compactado por un cementante natural. La compactación es falta de porosidad", advirtió el especialista, para quien "en nuestro sistema de secano los sistemas son ineficientes, sin alcantarillas ni badenes o algunas obras de ingeniería que capturen el agua y den tiempo a que se infiltre".

El director del Gabinete de Teledetección e Información Geográfica de la UNR, sostiene que el agua al ser expulsada de los suelos "hace torrente las cuencas y deteriora las estructuras de construcción, derriba puentes y se deterioran los caminos".

"Por la textura que tiene el área productiva argentina y por la degradación que ha sufrido, hay una tendencia a la compactación, y si bien la siembra directa da cobertura al suelo que retiene la humedad, no ha sido suficiente para evitar la pérdida de porosidad", destacó.

En cambio, el geólogo Gustavo Moscatelli, coordinador del Area de Investigaciones, Génesis, Clasificación, Cartografía y Evaluación de Tierra del Instituto de Suelos del INTA-Castelar, prefirió recurrir a una metáfora para describir que el suelo ideal "es uno que parezca una pizza".

"Cuando el suelo crece, lo hace a expensas del aire, por lo tanto la mitad tiene que ser sólido, ocupado con un 45 % de minerales y un 5 % con materia orgánica; mientras que el resto debe estar constituido en partes iguales por agua y aire", indicó a NA.

"En campos muy laboreados, con agricultura continua en las que no se practican las adecuadas rotaciones y no se tiene cuidado de preservar la inflitración, hay compactación y no entran ni agua ni las raíces", explicó Moscatellli.

El responsable del proyecto para "la Optimización del Uso Energético, Tránsito y Compactación del Suelo" del INTA Castelar, Carlos Irurtia, confirma: "las evaluaciones sobre la descompactación están en ciernes y se obtuvieron resultados muy dispares en análisis realizados en Pergamino y en Salto", polos agrícolas bonaerenses.

Luego de evaluar la densidad aparente del suelo y la resistencia a la penetración, los productores pueden recurrir a la utilización de descompactadores mecánicos que les garanticen la existencia de porosidad; sus costos se incrementarán en unos 180 pesos por hectárea.

"Existen varios modelos en el mercado, y se utilizan generalmente en el invierno", explicó Irurtia al señalar que la "descompactación puede no ser permanente ya que es producida por el tránsito agrícola". Según el geólogo Moscatelli, "técnicos y productores" podrían conocer a través de análisis "cuántos milímetros de agua hay acumulados en el suelo y saber cuántas toneladas de suelo se llevó la erosión por hectárea, o sea la disminución en centímetros del espesor superficial perdido".

"La ausencia total o parcial de precipitaciones durante períodos prolongados conduce a la ocurrencia de las sequías. Éstas constituyen una adversidad climática con significativos efectos negativos en los aspectos socio-económicos de un país", explica el ingeniero agrónomo Mauricio César Costa, profesor Adjunto de Climatología y Fenología Agrícolas de la Facultad de Agronomía y Zootecnia, de la Universidad Nacional de Tucumán.

Los distintos análisis de clima basados en la ocurrencia del fenómeno La Niña señalan que Enero será un mes seco y con altas temperaturas, lo que incidirá de manera negativa en la oferta de agua de los cultivos.

Los productores pueden medir sus suelos

Una valija con instrumentos de fácil utilización que desarrolló el INTA Castelar permite a los productores medir el estado del suelo, su compactación y porosidad y la cantidad de agua de la que puede llegar a disponer.

El equipo fue presentado un par de años atrás y con lentitud ha comenzado a difundirse entre los productores y técnicos que advierten la degradación de sus suelos, según explicaron a la agencia Noticias Argentinas los ingenieros del INTA-Castelar.

La construcción de la llamada "Valija de Campo" está inspirada en una similar realizada por el investigador John Doran del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que la concibió como un "kit de medición de la salud del suelo" para ser utilizado, con facilidad, por técnicos y productores.

El licenciado en Geología Gustavo Moscatelli recomienda estos instrumentos de accesible confección y práctica "porque permiten conocer sobre qué suelo se encuentra el productor, ya que cada superficie tiene sus propios parámetros".

"Además la Valija se complementa con una tabla donde volcar los valores físicos, químicos y biológicos que se obtienen y así compararlos con los valores normales, y a partir de ellos realizar un análisis", aseguró desde el Instituto de Suelos del INTA Castelar.

Moscatelli destaca la ventajas de "saber si la tierra se encuentra en buenas condiciones o si está en proceso de degradación" y "la información obtenida permitirá complementarla con los mapas de suelos desarrollados por el INTA".

La erosión hídrica en la Argentina ha causado una considerable destrucción de las tierras. En 1957 se estimó que aproximadamente 340 mil kilómetros cuadrados, o sea el 24 por ciento de la superficie total de la tierra cultivada, estaba afectada por la erosión hídrica, dicen los informes del Inta Castelar.

"El desgaste acelerado de los suelos por el escurrimiento de las aguas pluviales. origina serias pérdidas de suelo en las tierras onduladas; por tal motivo, para su control, deben considerarse tanto medidas preventivas como de lucha", aseguró el ingeniero Roberto Michelena, su titular, en un informe.

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