El gobierno de Cristina Kirchner exhibió ayer un doble juego en la crisis con el campo. Por un lado, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aseguró que los dirigentes ruralistas "se volvieron locos", pero sus allegados dijeron por lo bajo que si el agro levanta la medida de fuerza, se los convocará a dialogar.
En caso de que el campo no acepte el diálogo, el Gobierno apelará a la otra estrategia que guarda bajo la manga: "Poner en evidencia que ellos no quieren negociar".
En rigor, cerca de Fernández comentaron a LA NACION que el Gobierno los convocaría a un nuevo encuentro de negociaciones, pero con los plazos extensos que le imprimió el ex presidente Néstor Kirchner a la negociación.
El ex mandatario es, en verdad, quien digita desde la residencia de Olivos la guerra que la Casa Rosada le declaró al campo en el plano de la política.
De hecho, las declaraciones de los funcionarios oficiales estuvieron dirigidas ayer a lograr que finalmente sea el campo el que "cargue con la responsabilidad de haberse ido" de la mesa de negociación.
En ese tono, precisamente, Alberto Fernández acusó ayer a los ruralistas de haber perdido una "enorme oportunidad de dialogar".
La explicación fue muy sencilla. "Fuimos con una agenda muy generosa donde propusimos hablar de todos los temas que le preocupan al campo en la que estaba el tema de las retenciones. Me pidieron que empezáramos por ese tema y así se hizo y se volvieron locos. Salieron y dijeron que nosotros habíamos dicho que las retenciones eran un error", señaló Fernández.
En declaraciones a Radio 10, el jefe de Gabinete relató así la reunión que tuvo el martes último con los presidentes de la Sociedad Rural (SRA), CRA, Coninagro y Federación Agraria, que terminó en fracaso.
"Oportunidad perdida"
"Veo todo esto como una enorme oportunidad perdida, una oportunidad de dialogar con miras al 25 de Mayo", planteó el jefe de Gabinete. "Tengo la certeza de que esta vez no es culpa nuestra, porque nosotros les ofrecimos hablar del problema que ellos tenían y la cosa fracasó porque ellos no quisieron", añadió, en su estrategia de demostrar que el campo rompió las negociaciones.
En rigor, Fernández les propuso corregir el esquema de retenciones móviles para garantizar el mercado de futuros y modificar los topes, punto que desató el conflicto y los paros desde el 11 de marzo último. Pero los tiempos de la negociación, para Fernández, eran largos y la negociación era difusa.
Eso fue interpretado por el campo como una estrategia dilatoria. En verdad, en la Casa Rosada afirmaron a LA NACION que fue Kirchner quien elaboró la táctica de dilatar la negociación para desgastar y dividir al campo, convencido de que el agro no resistirá una protesta extensa y que luego deberá negociar humillado y vencido.
Se trata de una disputa de poder, puramente política, a los ojos de Kirchner. Por eso, la convocatoria a un nuevo diálogo, si el campo levanta el paro, contendría los mismos componentes.
"No habrá diálogo mientras sigan el paro y la protesta. Eso es tajante. Si deciden levantar el paro, se verá si hay predisposición a conversar y en qué términos", dijo un allegado a Fernández. "Sólo se habrán perdido ocho días", agregó.
Un miembro empinado del kirchnerismo puro, en tanto, dijo: "En el octavo día de paro, los convocaremos a dialogar, a ver si quieren. Si no quieren ellos cargarán con el costo de romper con el diálogo".
Presión
Por ello, ya se prepara el Gobierno para el octavo día de paro (el jueves próximo), que según el campo sería el último. Pero si se mantiene la medida de fuerza no dialogará porque, tal la premisa de Kirchner, el gobierno "no negociará bajo presión". Alberto Fernández lo dijo de otro modo. "Ya no se que hacer para arreglar con esta gente. Es muy difícil dialogar en este contexto y con los paros. Es una locura todo esto", señaló.
En tanto, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, volvió a cuestionar a la dirigencia gremial, al afirmar que "la Argentina debe ser un país para todos, no para unos pocos".
"Nos parece que este paro es contra el pueblo argentino. Estamos dispuestos a acordar; siempre estuvimos predispuestos al diálogo. Pero no estamos dispuestos a que ese acuerdo lleve implícito un perjuicio para el conjunto de los argentinos", opinó el titular de la cartera política.
FUene: Mariano Obarrio - La Nación