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Los lotes, listos para la soja

Una vez más, el conocimiento y el ajuste tecnológico son claves a la hora de encarar la siembra. El ambiente, la fecha de siembra y la buena elección de la semilla sumarán para un óptimo rendimiento.
14/10/2007 00:00 hs

Una vez más, el cultivo de soja será el de mayor superficie cultivada en el país. Más allá de previsibles incrementos en maíz, sorgo y girasol, la oleaginosa seguirá reinando. Resulta entonces crucial ajustar la estrategia de manejo del cultivo de manera de lograr la máxima productividad y hacerlo en forma sustentable.

Y precisamente, Héctor Baigorrí, un reconocido especialista en el cultivo, presentó recientemente los principales aspectos a tener en cuenta de cara a la siembra que está arrancando.

Para empezar, Baigorrí dijo que "actualmente es posible lograr, a nivel experimental, rendimientos de 7.000 kg/ha; eso es un 1 q/ha por cada centímetro de altura". Sin embargo, en condiciones reales de producción los techos están por debajo. El desafío pasa entonces por brindar a esa genética con elevadísimo potencial condiciones ambientales que permitan expresarla.

En los sistemas de producción intensivos, en los que el objetivo es incrementar el aprovechamiento de los recursos, es "decisivamente importante contar con una adecuado conocimiento del ambiente, ya que condiciona el crecimiento y el rendimiento", precisó.

El primer paso es hacer la caracterización a escala global o regional, para recién luego identificar y cuantificar la variabilidad dentro del lote, determinando "cuántos ambientes diferentes hay en esa área en particular y cuán diferentes son", agregó Baigorrí.

En el cultivo de soja, la variable más limitante del rendimiento es la disponibilidad hídrica. En términos generales, a medida que mejora la calidad del ambiente, el cultivo alcanza un mayor desarrollo vegetativo y "es posible utilizar cultivares de ciclo más corto, para evitar el vuelco, reducir la incidencia de problemas sanitarios e incrementar el rendimiento", precisó.

En función de los ambientes establecidos, "habrá que definir el listado de cultivares más adaptados, teniendo en cuenta su Grupo de Madurez (GM), hábito de crecimiento y juvenilidad; determinando también el porcentaje a usar de cada uno de los GM elegidos y su fecha de siembra (FS)". En definitiva, estas decisiones de manejo determinarán la producción de biomasa aérea total, el índice de cosecha y la ubicación temporal, duración y tasa del llenado de granos.

La FS se convierte, entonces, en una de las prácticas de manejo de mayor influencia sobre el crecimiento y el rendimiento del cultivo.

Actualmente se conocen los patrones de la evolución del desarrollo y crecimiento de los cultivares en función de la FS, para los GM recomendados de norte a sur del país (Ver Un cultivo bien...). No obstante, es necesario determinar con precisión "qué combinaciones de GM y FS permiten lograr en cada ambiente los rendimientos potenciales máximos, los más probables y estables y los rendimientos mínimos", puntualizó Baigorrí.

El rendimiento presenta una relación con la FS. En condiciones hídricas no limitantes y empleando diferentes combinaciones de cultivares y FS, "es posible incrementar el rendimiento en forma lineal con el adelanto de la FS, hasta la FS en la que ocurran heladas tardías que logran matar una cantidad variable de plantas", puntualizó.

Específicamente, la relación entre la altura y el rendimiento es directa, hasta que el cultivar en cuestión logra la producción de biomasa vegetativa óptima. Una vez que la supera, "la aparición de vuelco y problemas sanitarios pueden determinar que esta relación pase a ser inversa", puntualizó.

Una vez elegidos los cultivares por sus características más importantes, habrá que definir la variedad comercial "por su potencial de rendimiento y sanidad", recomendó.

Finalmente, dentro de cada GM es posible "separar los cultivares por su ciclo, en cortos medios y largos; y diferenciarlos por su altura, para realizar ajustes más finos de manejo". Así, los cultivares con menor altura requieren FS más tardías, mejores ambientes, menores espaciamientos entre surcos y mayores densidades.

"Cuando esperamos alturas inferiores a los 70 centímetros, es altamente probable que una reducción del espaciamiento entre surcos a menos de 52 centímetros incremente el rendimiento", disparó Baigorrí.

Los cultivares de ciclo corto tienen mayor probabilidad de incrementar su rendimiento con la reducción del espaciamiento, en especial con FS tempranas tardías.

Una vez más, el conocimiento y el ajuste tecnológico son claves a la hora de encarar la siembra.

Fuente: Santiago Lorenzatti. Especial para Clarín Rural

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