En un año para el olvido para el trigo, por la doble combinación de la menor siembra en más de un siglo y la peor cosecha en 32 años, las lluvias que en el último mes y medio recibió el cultivo trajeron un alivio. Sirvieron para evitar una caída en la producción, proyectada por ahora por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires en 7,5 millones de toneladas.
Pero de igual modo en que las precipitaciones contribuyeron al desarrollo del cereal, también favorecieron el avance de enfermedades foliares. "Ahora hay preocupación y dedicación para cuidar y proteger el trigo", señaló Marcelo Carmona, fitopatólogo de la Facultad de Agronomía de la UBA.
En concreto, según Carmona, las lluvias permitieron el crecimiento de la mancha amarilla en gran parte de la región cerealera. Las precipitaciones son importantes para esta enfermedad.
En el caso de la roya anaranjada, hubo un retraso por las bajas temperaturas. "Sin embargo, ya existen focos de roya anaranjada desde el norte hacia el sur de la región pampeana", afirmó el experto. "En zonas como Castelli, Maipú, Pergamino y en el sur de Santa Fe ya se observan mancha amarilla y los comienzos de roya anaranjada", agregó.
En términos de perjuicios, las pérdidas por enfermedades pueden ir del 10 al 20 por ciento, en promedio.
Cristina Palacio, otra especialista en la materia que realiza un constante monitoreo en el sur de Santa Fe, también brindó su panorama. "Las últimas lluvias y las temperaturas templadas favorecieron el avance de las enfermedades foliares en el cultivo de trigo, especialmente la mancha amarilla y la septoriosis de la hoja", comentó. Sobre la roya anaranjada, precisó: "Si bien aún no presenta severidad intermedia, es importante el monitoreo semanal por las favorables condiciones de las últimas semanas", añadió.
En esa zona, luego de la baja tasa de crecimiento que tuvo el trigo en esta campaña, con las recientes precipitaciones se recuperó y ahora se encuentra en encañazón avanzada. "En escala Zadocks corresponde al número 39; es a partir de entonces que el daño por enfermedades foliares cobra mayor importancia por la aparición de la hoja bandera", recordó la especialista.
Otro dato: según Palacio, en esa región también se han observado ataques por trips, gusano minador y daños por bajas temperaturas.
En guardia
Carmona acercó otro dato. Según dijo, hace varios años no hay ataques importantes de fusariosis de espiga, pero hay estudios que muestran que los años con la condición El Niño son proclives a ataques, en especial en la zona de Balcarce. "Hay que ver cómo se suceden los eventos; es recomendable entrar a la página del Instituto de Clima y Agua del INTA, donde el ingeniero Moschini da un mapa de alerta todas las semanas", dijo.
Para Carmona, una recomendación general para todas las zonas es tener en cuenta los umbrales de daño económico para las enfermedades foliares. "Los valores aproximados son 40% de incidencia foliar para mancha y 10% de incidencia foliar para roya", aconsejó el fitopatólogo de la UBA.
Otro punto para seguir es el monitoreo desde encañazón en adelante. "Tomen 20 plantas por lote, sáquenles las hojas y calculen el porcentaje de hojas con al menos una mancha o una pústula; ése es el porcentaje de incidencia", señaló. Sobre los fungicidas, Carmona indicó que las respuestas por su uso ascienden a un 10/20% "comprobado". El fitopatólogo recomendó usar mezclas de estrobilurinas más triazoles, porque algunas razas de roya se volvieron "resistentes a los triazoles solos".
"Las respuestas esperables al uso de fungicidas son altas. Esto está en función directa con el momento de aplicación, el nivel de inóculo en ese momento, el ingrediente activo del producto y, especialmente, la calidad de la aplicación en sí misma", comentó Palacio.
Al margen del tema enfermedades, según Eduardo Sierra, especialista en agroclimatología, el cultivo enfrenta dos riesgos. El primero, de alguna granizada que afecte el sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires. El segundo es el riesgo por heladas tardías en el sudeste bonaerense. Con todo, sobre la estimación de 2,8 millones de hectáreas sembradas, que proyectó la Bolsa de Cereales porteña, según Sierra hay 2 millones de ha en buena condición hídrica. Esto en el norte bonaerense, el sur de Santa Fe, el este cordobés, Entre Ríos y casi todo el sudeste bonaerense. En el resto de la superficie un 50% se encuentra en estado regular y la otra mitad está "mal".
La Nación - Fernando Bertello
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