La gestión del agua se consolida como una herramienta que complementa a la lluvia y permite estabilizar los sistemas. Así, se reduce el riesgo, mejora la previsibilidad y se sostienen los rendimientos.
Cada vez más, el riego se vuelve un componente central de la planificación agrícola. Es que la variabilidad climática se consolidó como el nuevo escenario base de la producción agropecuaria. Ya no importa solo el registro total, sino su distribución a lo largo del ciclo de los cultivos. Frente a este contexto, el riego deja de ser una herramienta de intensificación para convertirse en una estrategia clave de gestión del riesgo.
“El principal desafío productivo hoy no es la falta de agua en términos anuales, sino su imprevisibilidad. El riego permite ordenar ese escenario porque aporta estabilidad en los resultados y disminuye la dependencia de las condiciones climáticas.”, explicó Aquiles Salinas, especialista en tecnologías de riego del INTA.
Según Salinas, uno de los ejes centrales del debate es entender que el riego no es una solución única como tampoco es una buena medida aplicar agua de manera automática, sino que es necesario integrar información agronómica, balance hídrico y conocimiento de los momentos críticos de cada cultivo. Esa mirada integral es la que convierte al riego en una herramienta de gestión y no solo en una práctica operativa.
“El riego no reemplaza a la lluvia, sino que la complementa y la ordena. Permite ajustar el sistema para que los cultivos atraviesen sus etapas clave con la disponibilidad de agua necesaria”, señaló Salinas. Según el especialista, ese enfoque es el que explica por qué cada vez más productores lo analizan como parte de la estrategia general del planteo y no como una decisión aislada.
“El riego se consolida como una estrategia de manejo que complementa a la lluvia y permite estabilizar los sistemas. Esa es su mayor fortaleza”, subrayó Salinas, quien no dudó en asegurar que “esta tecnología permite tomar decisiones con un escenario más previsible”, explicó.
Es que la posibilidad de sostener niveles de producción más estables se traduce en mayor previsibilidad para la toma de decisiones y en una planificación más ordenada del negocio agrícola.
Desde lo económico–financiero, Salinas aseguró que “el riego debe evaluarse por la estabilidad que aporta. Más que un salto puntual de rendimiento funciona como un seguro productivo que reduce la volatilidad y mejora la previsibilidad del sistema”.
A su vez, destacó su crecimiento mediante la incorporación de energías alternativas como los sistemas solares que aparecen como una herramienta de reducción de costos y previsibilidad que forman parte del nuevo horizonte.
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