Aunque algunos dirigentes se encargaron de disimularlo, la designación de Martín Lousteau como ministro de Economía cayó bien en el sector agropecuario. A diferencia de Felisa Miceli o de Miguel Peirano, claramente identificados con una parte de la economía nacional -la industria-, este joven economista supo cultivar la relación con el campo desde cada uno de los cargos que ocupó en la función pública, primero desde el Ministerio de la Producción bonaerense y, últimamente, como presidente del Banco Provincia (Bapro), una entidad financiera clave para el negocio agrícola en la pampa húmeda.
Pero, para que queden dudas, en 2005 dejó bien clara su posición respecto de uno de los temas más sensibles para el sector. "Estoy a favor de las retenciones, aunque no creo que deban mantenerse para siempre. El mismo sector que afirma que las retenciones generan una mala asignación de recursos por parte del Estado no dice que con este impuesto se puede mantener el tipo de cambio alto, que lo beneficia", dijo en aquella época a LA NACION.
Sin embargo, sería injusto resumir en esa frase su pensamiento sobre el agro: "Si queremos incrementar la producción, lo que tenemos que hacer es darle herramientas al pequeño y mediano productor. Esa es la manera de aumentar la producción en la ganadería, en la industria y los servicios", dijo a mediados del año pasado.
En su despacho del Bapro, el segundo banco del país en importancia, recibió más de una vez a productores y dirigentes ruralistas. "En el banco nos recibió y designó a un miembro del directorio como nexo con él. Y no ha tenido un mal desempeño, demostró tener capacidad", dijo Pedro Apaolaza, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), que agrupa a un centenar de sociedades rurales.
"Por un lado, es un técnico que indiscutiblemente no va a tomar decisiones políticas. Pero por otro lado, en el Bapro recibió bien a las entidades y tuvo buen diálogo con ellas. Eso significa que, por lo menos, diálogo va a haber, y es una señal de que habrá mayor previsibilidad", analizó Néstor Roulet, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
En el seno de esa entidad cayó especialmente bien que entre los asesores de Lousteau haya gente "que sepa de campo", como Félix Cirio, ex presidente del INTA en los 90. De hecho, ya hay quienes mencionan ese nombre para suceder a Javier de Urquiza al frente de la Secretaría de Agricultura.
Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria, coincidió en que el hombre "tiene buen currículum como técnico y viene de una experiencia exitosa en el banco", pero dejó abierta la expectativa para saber si será él quien designa al secretario o si lo hará directamente "el Poder Ejecutivo".
Luciano Miguens, de la Sociedad Rural, destacó "su formación académica muy sólida, la trayectoria profesional muy importante, el perfil internacional, estudió y trabajó afuera y eso le da una serie de herramientas muy interesantes para buscar soluciones a los complejos problemas económicos que va a tener que enfrentar". Para la SRA es muy relevante que el funcionario se haya formado en instituciones académicas como la Universidad de San Andrés (Udesa) -donde integraba el grupo de los "más keynesianos" según el recuerdo de uno de sus compañeros- y la London School of Economics, de Inglaterra. Esta última, fundada por Karl Popper considerado uno de los padres del liberalismo económico.
Así, a primera vista, el campo encontraría en Lousteau a un funcionario predispuesto al diálogo y conocedor del aporte fundamental que el sector hizo en la recuperación de la economía. Pero, en definitiva, habrá que ver qué dirección le da la presidenta electa, Cristina Fernández de Kirchner, a su relación con el agro. Y si es la misma que supo tejer su marido y presidente saliente, no habrá Lousteau que valga.
LA NACION