Precios controlados, insumos cada vez más caros, exportaciones reducidas, pérdida de mercados internacionales, competidores ávidos por nuestra porción de mercado mundial, cadena de producción en riesgo (crisis de los sistemas de cría), involución en la adopción de tecnología e incluso mala prensa a nivel nacional, pero quizá eso sea sólo la punta de un iceberg del que no tenemos posibilidad de calcular el tamaño real.
Si bien no sabemos cuándo comenzó esto, en verdad no es importante encontrar a los culpables, sino más bien encontrar la salida de este laberinto en el que nos encontramos atrapados.
Hay una situación innegable: los precios internacionales de los cereales ayudaron a que la tierra se cotice más y más, obligando a la ganadería a migrar hacia zonas en donde la rentabilidad de la tierra permita y justifique una actividad que no es tan rentable.
Pensar en ganadería para equiparar los niveles de rentabilidad de las zonas agrícolas puede ser un despropósito ya que los niveles de inversión y eficiencia más altos, quizá no alcancen los márgenes que ofrece la agricultura actual en la Argentina, sabiendo que esta situación seguramente se va a sostener durante los próximos años.
Pero la ganadería hace años que se está acomodando a esta situación y ya reubicó su stock ocupando las tierras de menor valor, por lo que ese deber está hecho, colaborando a mejorar el balance comercial del país.
Lo que realmente es preocupante es la falta de conciencia acerca de otros factores que afectan no sólo el presente sino el futuro de la actividad en la Argentina.
Impacto sobre la tecnología. Hoy se llegó a un punto en el que la adopción de tecnología se comienza a resentir, debido a las políticas que son de público conocimiento.
Si analizamos casos puntuales como, por ejemplo, la confección de un silo de sorgo en una zona marginal de cría, simplemente llegamos a la conclusión de que el impacto económico de su inclusión en la cadena forrajera quizá no se pague con el incremento de producción que ofrece, debido al control de precios.
Incluso en muchos casos en los que de todos modos se confecciona forraje en forma de silo escuchamos hablar de autoconsumo, dejando que las vacas coman ineficientemente, y con altos niveles de pérdida, los forrajes que tanto cuesta hacer, porque la inversión de maquinaria para suplementar estratégicamente forraje es muy difícil de amortizar con el retorno de capital invertido.
Eso quiere decir que estamos desperdiciando forraje o superficie que de otra forma estaría dando cereal exportable, porque comienza a ser difícil de amortizar la maquinaria para alimentar ganado.
El desaliento de los productores y la incertidumbre por el manejo discrecional de los mercados, los lleva a adoptar tecnologías mucho mas básicas y de mínimo costo, tratando de paliar las inclemencias climáticas que siempre ofrecen las zonas marginales, variando o conjugando las pasturas en las cadenas forrajeras.
"Pero eso es algo que ya se hacía hace 15 ó 20 años y luego fue superado por la conservación de forrajes", dicen los especialistas.
Es cierto, pero hoy estamos obligados a bajar costos a riesgo de involucionar tecnológicamente, lo que le da menos eficiencia y equilibrio al sector.
Está claro que, de seguir en este camino, los índices de eficiencia y producción variarán de acuerdo a la rigurosidad de los años. Y en años duros en campos de cría, la reposición se verá resentida aumentando los precios; y con precios fluctuantes y pariciones bajas bajará el stock y se desalentará al sector a pesar de que, probablemente, se recalienten los precios.
Si seguimos en ese camino llegará el día en que los stocks se van a acomodar de tal manera que los precios ya no podrán ser controlados, el precio interno estará alto por falta de oferta y nuestros mercados internacionales ocupados por otros productores del mundo.
¿Qué haremos entonces?, ¿Quiénes serán los culpables de la falta de aporte de divisas del sector y los precios internos altos? Quizá la oferta y la demanda.
Este último punto no es menor. Últimamente vemos en los medios especializados que un sinnúmero de delegaciones extranjeras nos visitan absorbiendo ávidamente nuestra tecnología y conocimiento del negocio.
Estamos adiestrando a nuestros competidores y si bien eso es muy bueno porque "exportamos tecnología" desinteresadamente y sembramos mercados para colocar conocimiento, estamos adiestrando a quienes miran con avidez los mercados internacionales que hoy nosotros no estamos cubriendo. Y quizá en un futuro se verán resentidos los dos millones de puestos de trabajo que genera el sector.
Pero el mercado ganadero de carne también afecta a la lechería. Sin mercado de exportación los terneros, que podrían ser excelentes novillos pesados, no tienen precio de colocación, por lo que los productores de leche buscan un precio adicional para suplir la falta de ingresos de su "subproducto ternero o novillo pesado".
Estamos involucionando, es innegable y que nadie se sienta ofendido. Hace 14 años se introducían al país las primeras cortadoras acondicionadoras que ayudaban a mejorar la calidad final de los forrajes producidos, elevando porcentajes de proteínas y disminuyendo los niveles de fibra, lo que impacta en un mayor valor alimenticio y por supuesto producción más eficiente.
Relación en desventaja. Si hoy hacemos una relación de cuántas de estas cortadoras acondicionadoras se venden por cada rotoenfardadora llegamos a una relación con un promedio nacional de 1,6 a 10 y de 3,8 a 10, en la marca que mejor desempeño tiene en nuestro país, mientras que en los países del resto de Latinoamérica esa relación asciende de 7,9 a 10.
Esto marca a las claras que otros mercados están evolucionando más que nosotros, que hacen lo que decimos pero no lo que hacemos y que en algunas áreas están adoptando mayor tecnología que nosotros, lo cual no deja de constituirse también en un riesgo para nuestra realidad.
Tal es el caso de Uruguay, o Colombia, que apunta a incrementar su stock ganadero en un 40 por ciento y los índices de destete nacionales un 25 por ciento en los próximos 11 años, en una acción conjunta de la Federación de Ganaderos (Fedegan) y el gobierno de ese país
Sabiendo que los bovinos son excelentes convertidores de fibra en energía no aprovechamos las condiciones agronómicas que nos ofrece la geografía de nuestro país para ofrecer un producto que el mundo está demandando mediante una producción pastoril apoyada por una suplementación estratégica, planificada y sistemática, que además le da seguridad y sostenibilidad al sector.
Es real que en algunas épocas lo productores ganaderos se pueden haber encaprichado en seguir teniendo sus rodeos en tierras que ofrecen mejor rentabilidad y balance comercial con la agricultura, pero hoy la ganadería ya se corrió de esas tierras y está haciendo grandes esfuerzos para ajustar su tecnología a la nueva realidad, pero el presente que le toca vivir no se lo permite.
Campos mixtos. Incluso hoy la ganadería trabaja, se justifica y es necesaria para amortizar rentas de tierras mixtas en establecimientos agrícolas que necesitan de la ganadería para tener plena ocupación de la tierra en las superficies que no son eficientes en la actividad agrícola.
El problema es que en esos casos hay que implementar tecnologías que quizá no se paguen o bien dejarán de ser rentables si la situación no cambia, por lo que la amortización de esas tierras o bien el costo de sus alquileres se incrementarán, impactando negativamente sobre la rentabilidad de la agricultura que se lleva a cabo en dichos establecimientos mixtos.
La ganadería en campos mixtos ayuda a hacer más rentable todo el sector y a aumentar la balanza comercial del país, siempre y cuando las reglas de juego en la ganadería estén claras.
Se gastó una buena cantidad de recursos promoviendo la carne en el mundo despertando un mercado al que luego le dimos la espalda, incorporamos tecnología e incluso investigamos y desarrollamos tecnología en el país (desde los organismos oficiales y empresas privadas) que hoy se "vende" fronteras afuera pero que en nuestro país se está dejando de adoptar.
Nos negamos a vender afuera desaprovechando el ingreso de divisas, miramos sólo un mercado interno que seguramente a futuro se verá recalentado. Alimentamos de tecnología a nuestros competidores en el mercado internacional y prácticamente despreciamos un subproducto de la leche como son los terneros, en detrimento de la rentabilidad del sector lácteo.
Si lo que tenemos posibilidad de vender afuera no se consume en el país, y lo que nosotros consumimos el domingo en nuestro asado familiar no lo podemos exportar, ¿no sería más fácil producir más para exportar más y tener mayor oferta interna? Quizá de esa manera se acomoden los precios de una manera normal.
La mayor inversión ya fue hecha: tiempo, tecnología, investigación, apertura de mercados, ajuste de superficies destinadas a ganadería e incluso "exportación de conocimiento" a diversas zonas del país y del mundo.
Es hora de comenzar a avanzar decididamente, facilitando el trabajo, con un rumbo definido y un horizonte despejado, siempre adelante, para que nunca tengamos que llorar sobre la "leche derramada" diciendo que ya "es demasiado tarde" para revertir nuestra situación ganadera.
Por Pablo Cattani.
Ingeniero agrónomo, asesor privado.
Fuente: La Voz del Interior