La participación del Estado en la renta agrícola volvió a subir según el informe trimestral de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Estos resultados mostraron un fuerte impacto de la guerra de Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el 50% de la urea a nivel mundial, un fertilizante clave en la producción agrícola, especialmente para trigo.
“Esta edición está, más que nunca, marcada por la coyuntura nacional e internacional: suba de costos como el combustible que impacta en los fletes, actualizaciones de impuestos provinciales y baja rentabilidad”, explica Nicolle Pisani Claro.
El Índice FADA de marzo 2026 marca que el 62,5% de la renta se va en impuestos, 6,1 puntos porcentuales más que diciembre de 2025. Esto significa que, de cada $100 que genera una hectárea agrícola, $62,5 se destinan a impuestos nacionales, provinciales y municipales. Mientras el promedio nacional es de 62,5%, Córdoba registra un 60,2%, Buenos Aires 60,4%, Santa Fe 57%, La Pampa 60,4%, Entre Ríos 67,6% y San Luis 55,7%.
¿Qué hay detrás de la suba?
“El aumento del Índice es una combinación de 2 cosas: la suba de los costos de producción, que hace achicar la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales, que hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. Así, cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande, explica Nicolle Pisani Claro.
Por un lado, se registró un fuerte aumento de los costos de producción. Por otro, como pasa habitualmente a comienzos de año, se actualizaron impuestos provinciales y municipales, lo que también suma presión.
“Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales, genera un efecto claro: aunque los impuestos que nos cobran no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta que es menor”, agrega Antonella Semadeni.
Cultivo por cultivo: el trigo en zona crítica
“El análisis por cultivo muestra realidades muy distintas, pero con un denominador común: la disminución de la rentabilidad”, advierte Fiorella Savarino, economista FADA.
En soja, el Estado participa con el 61,6% de la renta, mientras que en maíz el indicador alcanza el 56,8%. En girasol, el porcentaje trepa al 80,3%, reflejando una situación más complicada.
Sin embargo, el dato más crítico es el que arroja el trigo, el cual llega al 104,4%. “Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, señala Savarino.
Este escenario deja al trigo en una situación particularmente delicada, fuertemente condicionada por el aumento de costos y la dependencia del cultivo a insumos clave.
El impacto del conflicto internacional
Uno de los factores que explica este escenario es el fuerte aumento en el costo de los fertilizantes, especialmente la urea, un insumo fundamental para la producción agrícola.
El conflicto en el estrecho de Ormuz, una zona estratégica por donde circula una porción significativa del comercio mundial de energía y fertilizantes, generó tensiones en los mercados internacionales. Por esa vía transita aproximadamente el 20% del petróleo, el 25% del gas y el 50% de la urea a nivel global.
En este contexto, el precio de la urea registró un aumento del 43% respecto a diciembre y del 39% en términos interanuales. Este incremento impacta de manera directa en los costos productivos, especialmente en cultivos como el trigo y el maíz, que tienen una alta dependencia de la fertilización.
Producir hoy cuesta más
“El encarecimiento de los insumos no es el único factor que presiona sobre los costos. También se registraron aumentos en otros componentes claves”, revela Luz Silvetti.
A inicios de año los impuestos provinciales y municipales sufren actualizaciones por lo que incrementan su peso relativo sobre el total en las mediciones de marzo de cada año, pasando de explicar el 6,4% del total de impuestos que pagaba el productor a fin de 2025, a un 9,7% (o casi 10%) a inicios de 2026. En particular se registran aumentos de Inmobiliario Rural que promedia a nivel nacional el 79%, empujado principalmente por Buenos Aires. A nivel municipal, rondan el 32%.
Las labores o salarios agrícolas aumentaron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el mismo período (8,6%), lo que refleja un desfasaje importante en los costos operativos. Por otro lado, los fletes también muestran subas, impulsadas en gran parte por el aumento del combustible, producto de la guerra: un 8,4% en pesos y un 12% en dólares respecto a la medición anterior, lo que impacta directamente en la competitividad, especialmente en regiones alejadas de los puertos.
A esto se suma el deterioro en la relación insumo-producto. Hoy, para adquirir una tonelada de urea se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo, una relación menos favorable que la de un año atrás.
“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, agrega Silvetti. Fuente: FADA
Envía tu comentario